viernes, 31 de agosto de 2007

El Niño Mayor cumpleaños

El Niño Mayor nació primero, cosa que como hermano mayor que soy tiene sus ventajas y desventajas. Es tan buen tipo que parece a veces ir a contramano de los tiempos que nos hablan de individualismo y del sálvese quien pueda.

Es querido por sus amigos y vive esa amistad del mismo modo que me gusta hacerlo: en gestos cómplices, en aguantes, en recurrir a ellos cuando hace falta.

Ha podido manejarse bastante bien a pesar de mis errores y equivocaciones, y juntó bastante material como para arreglárselas en el futuro y bien.

Los hijos de mis amigos lo ven como lo que es, un tipo incondicional que es capaz de pasarse una tarde jugando al Circo Los Riboldi con chicos mucho más pequeños, o enseñarles trucos de la Play a los más grandes, o charlar con nosotros de temas de la vida sin perder su eje, su centro.

Sabe entender lo que es el sentido de la solidaridad y lo ha puesto de manifiesto muchas veces. Todavía me conmueve recordar el día que fue a defender al Niño Menor de un niño golpeador bastante más grande en la escuela. La forma en que lo hizo, sin violencia ni amenazas, y como también supo aclarle al Niño Menor como se manejaba la relación con los compañeros más grandes del colegio.

Es increíble verlo más alto y más fuerte que yo, siento que su grandeza me supera en todo sentido. Todavía queda mucho por andar pero sé que hay buena madera para tallar y sacar lo mejor.

A pesar de los contratiempos y sinsabores de la vida siempre me hace bien pensar el orgullo y la alegría que significa tener un hijo como él.

Que los cumpla feliz! Esta noche comeremos torta y brindaremos por él. Se lo merece.
El Niño Mayor manducándose una torta por anticipado

jueves, 30 de agosto de 2007

Sobre el gusto musical





Como dice mucha gente "me gusta la música", y cuando te preguntan "¿qué música?" ahí viene el problema. Algunos dicen "toda" y cuando le repreguntan "¿SupermerK2, Néstor en Bloque?" responden rápidamente "Noooooooo, eso NO es música" y acá se establece la primera pregunta difícil de responder: ¿Qué es la música? o mejor dicho ¿Qué conjunto de sonidos podemos identificar como música para nuestros oídos? ¿El arrullar de la madre? ¿El canto de los pájaro? o ¿Metallica?. En fin, da para mucho, escucho ofertas.

Escena de "Turandot"




Tengo un gusto musical que se podría denominar variado, no voy a hacer una lista para no caer en lugares comunes, pero noté desde un tiempo a esta parte que mi sensibilidad ha disminuido o, por raro motivo, también podría decir que me he hipersensibilizado. El asunto es complicado pero lo resumiré de la siguiente forma: últimamente me gustan muchos pero me conmueven pocos.

El clásico de MM




Lo descubrí cuando fui a ver a Marisa Monte, artista monumental y de la que soy casi un fan inicial. Puedo escuchar "Tribalistas" muchas veces, pero en su recital, que fue perfecto no me conmoví y llegué a una terrible conclusión: en estos momentos sólo me conmueven el tango y la ópera. Volviendo al tema, esto sería una disminución de la sensibilidad o todo lo contrario?



Mimí canta el tango como ninguna

lunes, 27 de agosto de 2007

Cuando quise ser Monzón



Un verano, hace años atrás, fui a un gimnasio. Los gimnasios –convengamos- antes eran algo raro. En Rosario había sólo dos y después se agregó un tercero y un cuarto, pero a nadie se le ocurría ir a hacer aeróbic a las dos de la mañana. Los gimnasios pioneros fueron Nico y Turi, el primero vinculado al ambiente de pesistas y luchadores –ambiente siempre sospechado de promiscuidad homosexual-, y el segundo más cercano al ambiente del rugby, a ése fui como joven enclenque que desea algún día jugar en primera. Había muchos aparatos caseros, pesas, poleas, mancuernas. Una de las cosas más sorprendente era la práctica de un juego que se llamaba “Turibol” y que era una mezcla de voley, fútbol y tenis que se jugaba en un mini gimnasio con colchonetas.

Pero a mí lo que más me atraía eran dos elementos que estaban en una pequeña salita: la bolsa de arena y el punching ball. La primera vez que vi la bolsa de arena le tiré un puñete que casi hace que se rompiera mi muñeca: era realmente dura.


Un buen día le dije a “Turi” –este era el apodo de Arturo Astegher, un autodidacta- que me gustaría aprender boxeo. Me recomendó que fuera a ver a un amigo de él, el señor Rolo –apodo de Rolando Mastroiácono, otro autodidacta- un ex boxeador que se comentaba había ido algún juego Panamericano y daba clases de box en el club Ñaró, en la Avenida Arijón, pleno corazón del Saladillo, viejo barrio de matarifes y cuarteadores. Me presenté un martes a la tarde, con un bolsito y las carpetas de la facultad, había tomado el 225 que hacía el recorrido Barrio Ludueña – Frigorífico Swift.


El señor Rolo me insistió con la soga, sombra, punching ball, bolsa de arena, tres veces por semana durante largos tres meses, a esto había que sumarle mi entrenamiento en lo de Turi y la práctica de rugby. Después de esos para mí largos meses me sentí como Rocky a punto de enfrentarse con Apollo Creed: quería acción. Tanto insistí que el señor Rolo mandó a llamar a un pibe flaquito, morochito, al que le llevaba una cabeza. Me hizo poner los guantes, el protector bucal, el cinturón de cuero y el protector de cuero en la cabeza que tenía un rancio olor a transpiración. Así preparado subí al ring con temor de lastimar a mi ocasional oponente. Fue un solo round, pero puedo asegurar que nunca me pegaron tanto en apenas tres minutos, tenía la cara roja del roce del guante con el cuero y mi piel, no entendía nada dónde estaba parado y lo único que quería hacer era bajarme. Desde ese día admiro profundamente a todos aquellos que, con dedicación y entrenamiento, eligieron, por una forma u otra, uno de los más difíciles oficios: ser un boxeador profesional.


Cuando salí del vestuario con el bolsito y las carpetas, lleno de vergüenza y dolor físico, en busca del 225 que me llevara de vuelta al centro el señor Rolo se acercó y me dijo: “¿Sabés que pasa rubio?” a lo que me di vuelta y lo miré buscando la respuesta que justificara semejante humillación, “…vos comés todos los días.” Interiormente y con mi vanidad destruida reconocí muy a pesar mío que el señor Rolo, el autodidacta, tenía razón.

viernes, 24 de agosto de 2007

Hay premio, hay viaje



Como conté anteriormente, Virginia la mujer maravillosa viajó a Salta al Semillero de Talentos/Programa PAIS del INCAA. Ella es productora de cine y ya realizó tres producciones de las cuáles dos obtuvieron primeros premios en el Festival Latinoamericano de Video el documental "Trescientoscincuenta" y en Noruega un corto que se llama "Waterfront".


Ella viajó con su valija cargada de expectativas y mucho esfuerzo para defender su actual proyecto "David y el gran río" que cuenta la vida de un refugiado de Guinea que vino de polizón a Rosario y tiene una banda de hip hop.


De todos los proyectos presentados se iba a elegir uno para que asistiera al "Morelia Lab 2007" a realizarse en México del 8 al 15 de octubre. Y, al final, "...the winner is:...." Virginia, la mujer maravillosa.


Más allá de la alegría, siento mucho orgullo por Virginia y una gran emoción. Y tengo la certeza que acá no contó para nada el factor suerte, tal vez un poco de azar, talento y mucho trabajo.
Lo quería compartir con ustedes.

lunes, 20 de agosto de 2007

Perlitas de Tommy en Rosario




Antes Tommy venía a Rosario, ciudad de la que se fue hace casi veinte años, ahora "baja" a Rosario. Ha desarrollado una fábula y cree que Rosario es algo así como un pueblito perdido de la Pampa húmeda.

Anoche nos juntamos en la casa de H., al mediodía H. me llama y me dice lo que tengo que llevar y que le avise a Tommy que se encargue del vino y las gaseosas.



Primer Perlita:

M.: "Hola Tommy, dice H. que te encargués del vino y las gaseosas"

T.: "Esta bien, no hay problemas, pero por favor decime un lugar que esté abierto a las 20hs. ..."

M: "Cualquier supermercado, Tommy...". Telón




"Como ésta hay decenas de lugares así en Rosario"


Segunda Perlita

En la casa de H. nos disponíamos a registrar la entrega del premio que saldrá en el blog de Tommy. Intercambiamos opiniones, la luz, el lugar, las poses, etc. La fotógrafa era la mujer que quiere tanto.

T.: "El Mellizo quiere que salga su mano izquierda, así"

LMQQT.: "A ver..., a ver..."

T.:"Mirá que queda poca batería en la máquina"

LMQQT.: "Pongan las manos de otra forma"

T.:"Lo único que me importa es que mi mano salga linda." Telón



"El Premio"

viernes, 17 de agosto de 2007

El día más triste, el que me cambió la vida.


Era un sábado de primavera rosarina, había ido a trabajar con él y después almorzamos juntos.
De chico me llevaba a la cancha, recuerdo mi primer ingreso a la cancha de Central: un fuerte olor a orín. Había una pequeño sector en esa vieja cancha en la cual sólo iban mujeres y el grito de la hinchada femenina era algo muy parecido a las reuniones de madres de la escuela. Le gustaba tanto el fútbol que se hizo socio de Ñuls y me llevaba a la cancha, o mejor dicho yo lo acompañaba. De alguna forma fue la manera que encontré para estar más cerca de él.
Le pedí el auto prestado para pasarlo a buscar a Tommy, íbamos a jugar al tenis. La distancia era apenas unas quince cuadras. Me dio las llaves y se fue a acostar.
Nunca hablamos mucho en serio. Hablaba mucho pero esquivaba los temas profundos como cualquier buen padre. Un día me preguntó si había "debutado" y me pareció algo rarísimo, para que no preguntara más le dije que sí cuando debí haber dicho no.
Preparé el bolso, saqué el auto y fui a la casa de Tommy. El sol era el justo, la temperatura hermosa, la brisa suave, un día glorioso. Llegué al toque a la casa de Tommy, bajó rápido, me dijo llamó tu vieja, vamos a tu casa.
Su preocupación era que estudiara. En el fondo creo que le gustaba como era yo pero no llegó a entenderme. Unas semanas antes lo había citado para hablar, él pensó que mi novia estaba embarazada, ni siquiera eso llegó a entender. Era para decirle que lo quería.
Llegamos a la que era mi casa en esa época, el panorama era poco alentador. Varios móviles de urgencias médicas, entro con Tommy, veo a mi hermano, a mi vieja, los médicos, el fuerte olor a alcohol, algodones con sangre, equipos, aparatos, un enfermero que me mira cuando entraba al dormitorio.
Se quedó mirándome, no entendió lo que le dije o esa fue mi impresión. Era un gorila empedernido y había disfrutado mucho el rotundo triunfo radical del 85, justo una semana antes. Pensaba que el peronismo estaba liquidado, qué iluso!
Estaba tirado en el piso, desnudo, muerto. Le había estallado el corazón en mil pedazos, tenía 50 años, no conoció a sus nietos, y la puta decisión de tomárselas de golpe fue el día más triste de todos, el que me cambió la vida definitivamente.
Salí y lo busqué a Tommy que estaba ahí, mudo, pálido, sin decir palabras. Después de unos minutos de profunda consternación vino el ritual. Llevar papeles, elegir el cajón -sí, sí, asi como leen-, el velorio, los parientes, y el trágico gesto de despedirse del muerto, esa cosa difícil de entender y repetir lo que se ve. Todos besaban el cadáver y me pareció que debía hacerlo. Lo hice, fue la primera y última vez. Ahí me di cuenta definitivamente que esa no era mi viejo, que mi viejo estaba en la vieja platea del sector K en la cancha de Central, en las partidas eternas de ajedrez o dominó, enseñándome a jugar al póker, y no entendiendo que podía ser genuino que su hijo lo quisiera sin que hicieran falta muchas cosas más.

jueves, 16 de agosto de 2007

La Niña Rebelde cumple años




Mensaje de texto: "Pa, pueden ir mañana mis amigos a tu casa para festejar mi cumpleaños? Decime bien la dirección. Besos"

Pienso, cuántos amigos? qué tipo de festejos?

Llamada telefónica: "Y, no sé... los del centro de estudiantes, los del curso, los de la vida y Tomás con un amigo para que no se aburra". Consiento, como casi siempre.

Virginia le prepara una torta de niños de bizcochuelo, dulce de leche y chocolate cobertura con rocklets de adorno y una vela rosa. Le hago una última aclaración importante: no pueden tomar el fernet, ni el whisky, ni el vino.

Con Virginia le regalamos: una camisa negra, "La melancólica muerte de chico Ostra" de Tim Burton (con la promesa que nos lo preste después), un jean y unas zapatillas Vans. Un amigo setentista le regaló "Las venas abiertas de América Latina", se me ocurre que debe ser del centro de estudiantes. Tomás le regaló flores, muy lindas, pero me parece que no la conoce mucho.

A la noche cena rápida familiar porque Virginia se fue a Salta por algo que tiene que ver con el INCAA y su micro salía a las 22.10.

Nos quedamos hasta tarde charlando y después bajó a acompañarlo a Tomás, que reune todas las características que un buen primer novio "en serio" debe tener: es hincha del club rival al del padre de la niña rebelde, no le gusta la música que le gusta al padre de la niña rebelde ("Te gusta Bjork? Pensamos ir a verla en noviembre" y aparece un "No" lacónico como respuesta). Pero se nota que ella lo quiere. Anoche mientras sus hermanos lo hostigaban un poco ella le acarició la espalda de una manera tan tierna que me resultó desconocida.

Para finalizar el homenaje el último regalo: una caja de pastillas Jazmín, porque se hizo la hora.

miércoles, 15 de agosto de 2007

Starsky & Hutch



Los dos éramos muy jóvenes, jovencísimos. Estábamos entendiendo de a poco que era eso de sentir algo por otra persona que no fueran tu mamá, tu papá o tu hermano. Esa sensación que alguien te gustaba en serio, que el deseo hacía que todas tus hormonas se dispararan como el trasbordador Columbia hacia el cielo y más allá.
Volvíamos caminando las largas ocho cuadras desde nuestra escuela hasta la esquina de su casa en la cual yo esperaba el 210, tradicional línea compuesta de viejos y destartalados Bedfords de color celeste y blanco con números y letras fileteadas en negro, que hacía el recorrido La Siberia – Control Granadero Baigorria. El tiempo promedio de esas ocho cuadras era más o menos de una hora, lo cual la sometía a ella a un reto de sus padres más de una vez y a mí la cólera de mi madre por llegar tan tarde a casa. ¿Cómo explicarles a ellos que estábamos descubriendo la vida, la necesidad de tocarse, de mojar nuestras lenguas recíprocamente?
Los miércoles –no recuerdo bien por que motivo- iba a cenar a su casa, sus hermanos y padres eran gente maravillosa, divertida y rápidamente nos hicimos amigos. Después de la cena sus padres se iban a leer al dormitorio, sus hermanos a sus cuartos y nosotros nos quedábamos solos en el comedor diario viendo “Los aventureros” (Starsky & Hutch) en un cómodo sillón BKF de cuero marrón suela los dos juntos en el mismo sillón.
Un día, en una de las pausas de la serie, la intensidad de las manos y las lenguas, el aumento sin pausa de lo que denominábamos “franela” hizo que ocurriera la primera vez. No es la primera vez que ustedes se imaginan, es otra primera vez. En el crescendo romántico del BKF empecé a sentir un cosquilleo que me era muy familiar cuando me entregaba en las siestas de verano a pensar en las tetas de Celia. Me había acabado por primera vez en seco, de este modo lo denominamos los varones por lo menos. Vergüenza, estupor, placer, deseo, todo se conjugó esa noche más el temor de ser descubierto. Me incorporé de golpe, atravesé el living corriendo con el miedo de encontrarme a alguien en el camino hasta llegar al baño salvador. Estuve un rato largo en el baño mientras trataba de limpiar lo que ya no se podía limpiar. Ante sus demandas salí de golpe, busqué mi campera que por suerte era larga y me fui como quien hubiera roto un valioso florero oriental. Mientras me acompañaba hasta la puerta de su casa me acorraló a preguntas que no supe como responder.
Al otro día en la escuela me animé a contarle lo que me había pasado, no sin cierta vergüenza, y ahí me di cuenta que siempre es mejor decir la verdad cosa que no siempre recuerdo de hacer, y de este modo pudimos entendernos y la relación entró decididamente en otra etapa. La historia siguió un tiempo más largo de lo que todos suponíamos y un día se terminó sin saber los dos bien por qué.
Hace poco Hollywood hizo la remake de esta viejísima serie. No la fui a ver deliberadamente, como tampoco la miro en el sillón de mi casa cuando la pasan por el canal Retro en colores. Nada puede ser igual al haberla visto en un sillón BKF, en blanco y negro y con fantasmas con la que pensamos fue nuestro primer amor.

martes, 14 de agosto de 2007

El señor Ottone

Crucé mi adolescencia con la dictadura que abarcaba todo. El 24 de marzo de 1976 me levanté para ir a la escuela y mi madre me dijo “Creo que no hay clases, hay un golpe militar” y siguió con las tareas domésticas. Para no quedarse con las dudas que hubiera clases y me pusieran una falta –jamás Sarmiento lo permita!- fui a buscar a mi compañero de barrio con el que iba al mismo colegio. El hermano de su abuelo era en ese entonces diputado nacional por el radicalismo santafesino, conocido por su apodo de “Merequetengue” puesto por su cocoliche nunca resuelto cada vez que le mostraba a alguien el treinta y ocho que llevaba en la cintura. Ahí me dijo su papá que no iba a haber clases por un largo tiempo, y así fue.
La adolescencia es un tiempo difícil para cualquiera, pero si a eso le cruzamos vivir en la Argentina de Videla, Massera y Agosti te la regalo.




"Tres tipos audaces"


Así y todo intentamos hacer algo. Un viejo militante socialista –el Sr. Ottone- era el director de la Biblioteca Argentina, viejo funcionario de carrera más bueno que el abuelo de Heidi, y organizó como válvula de escape y pequeño espacio de discusión un ciclo de cine debate los domingos a la tarde. Seguramente que hubo gestos más heroicos que el de Ottone, pero por pequeño que fuera todavía hoy nos admira esa grandeza de enfrentar la adversidad en tiempos difíciles. Ahí vi el cine que me formó, y con los amigos o novias del momento pudimos ver casi clandestinamente:


"Los compañeros"


"Los cuatrocientos golpes"




"Roma ciudad abierta"



"Citizen Kane"

"La Strada"


"Hiroshima mon amour"


"La dolce vita"


"Milagro en Milán"

y una cantidad de películas que se proyectaban entre los libros dormidos de la biblioteca, en un ritual que después de casi tres años nos podíamos identificar como fieles de la misma parroquia, mientras afuera, en los cines comerciales Palito Ortega pasaba sus películas oficialistas y la censura cortaba kilómetros de celuloide en nombre de “los valores occidentales y cristianos contra toda forma extranjera que no respetara la idiosincrasia del pueblo argentino..”
Esos domingos de invierno son inolvidables, me recuerdan la entrada a la Biblioteca, esperar en la Plaza Pringles mientras fumábamos un pucho, salir y seguir hablando de los actores y actrices, de los directores y argumentos, y así caminar cuadras hasta llegar a casa. Tal vez sea por esto que no sufro de la depresión de los domingos a la tarde.

domingo, 12 de agosto de 2007

Celia, la peluquera




La calle de la infancia era empedrada con apellido de ex gobernador de provincia. Enfrente de casa talleres metalúrgicos, sirenas que sonaban a horarios exactos y puntuales y poblaban la calle de obreros. Sobre sus paredes una pintada “FJC Viva el paro!” y una hoz y un martillo. Cuando aprendí a leer no podía entender que significaba todo eso, cosa que me llevó unos años hacerlo.

En la misma vereda de la cuadra había un club de barrio con cancha de básquet descubierta, una cancha de bochas y varones jugando a los naipes, al dominó y los más “intelectuales” al ajedrez. Pero lo llamativo, para un barrio de obreros ferroviarios, es que en la misma cuadra, en la misma vereda había dos peluquerías, una para mujeres y otra para varones. Los nombres de casa una eran “Peinados Celia” y “Peluquería Blasito” que fue mi peluquero hasta la adolescencia. Los dos eran vecinos linderos nuestros.

Además, Celia era la amiga joven de mi madre y compartíamos la línea telefónica. Tenía su peluquería en lo que fue el garaje de una casa barroca italiana pero de clase media baja. En su peluquería abundaban aquellos viejos secadores de pelo al estilo supersónico, los posters de Sandro, un Wincofon con música de El Gitano todo el tiempo. Pero lo que tenía Celia eran unas tetas enormes, exhuberantes como ella, aunque ella en general era fea. Fea y medio tonta, decía cosas por ejemplo como “No como pollo porque tiene gusto a campo” y jamás pudo pronunciar la palabra albóndiga.

Las tetas de Celia fueron en mi infancia las primeras que vi y me impresionaron más que las módicas de mi madre. Era algo así como la tetona de Amarcord. Mis primeras pajas fueron por ellas.

Con mi hermano la empezamos a espiar por el ventiluz del baño que sólo nos permitían ver hasta el ombligo, o sea nada de concha pero las tetas ahí, a escaso metro.
Celia no tenía novio, su amor era para Roberto Sánchez. Sí, ella aspiraba a ser la mujer de Roberto Sánchez. Pero conoció a un muchacho simple pero rico que se llamaba igual que un jugador de River famoso en esa época, que le prometió casarse para el Mundial y cuando llegó 1978 aclaró que él había dicho el Mundial de España en 1982. El hombre era de palabra y cumplió. Se casó durante el Mundial de España y la Guerra de Malvinas, pero en esa época ya me gustaban e interesaban otras tetas.

No tuvo hijos y enviudó hace poco, fui al velorio con mi madre, hacía más de veinte años que no la veía, y me reconoció y me dijo “Parecés un doctor, un intelectual”. Celia ahora es viuda, simple y rica, tiene el formato de un ballenato y se va a dedicar a dejarles lo mejor a sus sobrinos.
En el viaje de vuelta del velorio pasé por el viejo barrio, la vieja cuadra. Estaba todo igual: el club, el taller que ahora era una cochera, pero no había ninguna peluquería en la cuadra. En la vereda de enfrente casi en la esquina se abrió otra, “José Manuel estilista”, atendida por José, un ex jugador mediocre del club del barrio, medio langa en su época joven, pero igual que Celia jamás pudo decir la palabra albóndiga.

sábado, 11 de agosto de 2007

El Whisky, opción de opciones


De muy purrete tomaba poco alcohol, en casa mi padre era abstemio. Si, sé que resulta difícil de creer eso de haber tenido un padre abstemio pero así fue la cosa. O sea que, alcohol en casa nunca, sólo alguna botellita de licor (puaj!) para las visitas y la caña Legui para mi abuela. En la casa de la abuela Bibi se tomaba vino con soda: Vaschetti, Toro o Viejo Viñedo en botella de litro, se lo rebajaba con dos largos chorros de esos sifones de vidrio tan comunes antes tan valiosos ahora. Mi abuelo Fermín me daba pan mojado en ese vino a escondidas de mi padre.

Después empezó la cerveza, de a poco, mucho no soportaba todavía su amargo sabor. Un día un cliente de mi padre –bastante despistado- le regaló una botella de Chivas y mi padre la guardó en un lugar del mueble del living, así fui descubriendo el sabor de las maltas.
Cada tanto un traguito, hasta que hubo que hacer té en jarra y llenar la botella para simular la ausencia de líquido ámbar. Como casi siempre sucede, años después, un amigo de la familia vio la botella y quiso tomar: ahí me descubrieron pero ya era tarde.

El primer consumo masivo de tan noble bebida fue en la inauguración de Morgan Pub. Tenía 17 años y un primo de un amigo nos llevó. Había whisky a rolete y la consecuencia fue ser llevado en andas hasta mi cama ante la pregunta incesante de mi madre “¿Por qué tomaste tanto?” y mi respuesta lógica, redonda, perfecta: “Porque era gratis, mami!”.

Años más tarde, ya en la Universidad, fui a otra inauguración y me encontraron atrás de una puerta con un botella de Black & White vacía. Me tuvieron que llevar a casa de nuevo, pero esta vez había dos agravantes: mi padre el abstemio había regresado ese día de su internación en Unidad Coronaria por haber sufrido un infarto y la otra era que rendía un examen final a las ocho de la mañana en la Facultad en el aula 28 que era el fin del mundo a través de altísimas escaleras a las que llegué casi arrastrándome. Después de haber pasado el examen escrito, fui al coloquio, el aliento que tenía hizo que al darme la libreta el profesor me preguntara “Mellizo: usted tomó algo antes de venir?”. “Sí –dije-, una copita para entonarme”. “No lo haga más, puede ser peligroso…” lo dijo casi con ternura el profesor que me tomó el examen.

Después hubo un recorrido por el vodka, el snap estaba de moda. Recuerdo un viaje a Chabás con Ariel, un road movie intenso y en el no que faltó vodka en botellas tiradas en el asiento de atrás de su Taunus amarillo. Con el tiempo aparecieron los vinos, si tintos mejor, blancos secos y el champagne. Pero un buen día volvió el whisky y se quedó para siempre. De calidades buenas, regulares, con soda –muy a la uruguaya-, con hielo, puro, en vasos pequeños, que entran cómodamente en la mano y permiten moderar la cantidad de líquido justo en el paladar y en la garganta. Descubrimos las maltas puras, los irlandeses con tres destilaciones y los americanos con el sabor dulce del maíz. Junto con el chocolate amargo (los nuevos de Águila son increíbles), el cacao y la malta la combinación perfecta.

Y por una extraña coincidencia el año pasado para mi cumpleaños Virginia y Tommy me regalaron sin saberlo lo mismo: la colección de JW de las cuatro etiquetas: negra, verde, dorada y azul. Pero lo más importante es que aprendí a beber lo justo, la pregunta sería qué es lo justo? Lo justo mis queridos amigos sólo lo podrán saber ustedes, porque la fórmula exacta es para cada individuo distinta: detenerse en el mililitro anterior a quedar borrachos, espero que la encuentren y sepan disfrutarla.

jueves, 9 de agosto de 2007

La Rata Lali



Reconozco antes de empezar a escribir que el título de este post se le ocurrió a Virginia.
Un domingo del verano pasado, cuando terminábamos de cenar, Virginia vio una rata en la cocina. Primero fue su grito, terrible, desgarrador, la veía a ella a través de la hendija que dejan las puertas entreabiertas, sentado, en el living, cuando pensé: se cayó! La pregunta rápida, qué te pasa? El grito: una rata! Al principio tendí a dudar, convengamos que para mí la duda no es sólo la "jactancia de los intelectuales" (Aldo Rico dixit), sino que forma parte de mi primer abordaje a cualquier temática. Ver para creer, la ví, la rata estaba ahí. De toda la serie de elucubraciones posibles, sólo una termina al final siendo excluyente: hay que matar a la rata, pero... cómo?
Me acordé de una situación semejante que me había pasado hace muchísimos años atrás -más de veinte-, y como el hombre es una ser que bebe en la experiencia ya sea para bien o para mal, encaré la situación como lo había hecho veinte años atrás.
Primero fui a una ferretería y compré una flor de trampera (el bicho era grande), después fui a una casa de delicatessen que queda en Paraguay y San Lorenzo, Edelweiss para más datos, cerca de casa y compré un trozo del queso más caro y oloroso que tenían: la rata debía ser tentada como corresponde. Hice todo el operativo y nada. Pasaban los días y nada. Virginia se desesperaba, a mi me resultaba muy incómodo estar viviendo en una casa muy parecida a la del cuento de Cortázar "Casa tomada", en este caso por la rata Lali. Al final, y ante la insistencia razonable de Virginia de llamar a un desratizador, abandoné mi método de la trampera y fuí y compré Racumin de Bayer, que si es de Bayer...
Pusimos cuatro tapitas de frasco de mermelada usado con el veneno, cuando llegamos a la noche Lali -la rata- había comido casi totalmente el contenido de dos de los cuatro recipientes. Ya está pensamos, es cuestión de horas.
A la mañana siguiente me levanto y veo a Lali muerta en la trampera. Oh, sorpresa! No había comido el veneno? No había deshechado el tentador parmesano durante tres días y tres noches? Cómo al final había caído en la trampa?
Virginia me decía que, al igual que los chicos de "ahora", las ratas de "ahora" eran más listas y no caían en tramperas y que mi solución de hacía veinte años era inútil. Evidentemente, tuvo razón.
De ahí que traté de interpretar qué había pasado realmente...

Imaginé a Lali sucumbir bajo el dolor insoportable que el envenenamiento le estaba provocando, la inminencia de la muerte, la asfixia, la tensión in extremis de sus músculos, hasta que tomó la decisión final, vio la trampera con el queso irresistible pero al que había podido resistirse durante tres días y tres noches, casi como un Cristo pero al revés, en lugar de resucitar Lali había tomado otra decisión: suicidarse. Lali se suicidó y a mi me cuesta mucho creerlo pero desafío a que alguien me demuestre lo contrario.

Qué cara está la cebolla!!!




En nuestra adolescencia esta frase era utilizada para marcarle a alguien la cara de amargo que tenía, la cara de enojado, o simple y sencillamente la cara fea que salía de los cánones de belleza estereotipada que tienen los adolescentes dentro de un marco de crueldad sin límites que empezaba ahí y podía terminar en cualquier cosa.

Durante muchísimos años la frase quedó archivada en ese baúl de recuerdos. Hasta el domingo pasado.

Se me ocurrió cocinar algo liviano y pensé en algunas verduras al vapor. Mientras Virginia trabajaba me fui a la verdulería pensando en comprar cosas sencillas y algunas un poquitín más sofisticadas: calabaza, acelga, bróccoli, repollitos de bruselas, papa, batata, esas cosas... no más.

Cuándo llegó la cuenta y tuve que pagar $ 30 por las cosas que había comprado para un almuerzo de dos personas pensé que todo lo que salía en los diarios era cierto. "¿Sabés que hay que hacer ahora?" me dijo un señor atribulado "...ahora hay que comprar carne que está barata y meta asado y milanesas todo el día". ¿Cómo explicarle al señor que uno trata de comer carnes rojas moderamente y que también le gustan las hortalizas y vegetales?

Juro que nunca me había pasado esto antes en la verdulería. Ayer, almorzando con Andrés le pregunto cuántos tomates va a querer, me responde que dos. Terminando el almuerzo el niño había dejado unos cuantos tomates en su plato. "Estás dejando casi dos pesos que voy a tener que tirar a la basura!" a lo cual el niño rápidamente respondió asumiendo la culpa y comiéndose el resto de los tomates. Tampoco había hecho esto antes.

¿Será muy de doña Rosa este comentario? ¿Exportamos frutas, verduras y hortalizas al mundo desarrollado y sus precios se transformaron en commodities internacionales? ¿La ola polar causó todo esto? ¿No existían frutas y verduras de invierno? ¿Dónde están? ¿A dónde fueron los tiempos del glorioso "3 paquetes X 1 peso"?

Para consuelo nos queda lo que nos dijo Ana María en su incursión a una verdulería en Barcelona: "Siete Euros el kilo de tomates!!!". Me quedo bien tranquilo entonces: todavía queda mucho margen...

Ahora pueden entrar todos

Jamás tuve un blog, y no tenía la menor idea de como se hacía para que postearan registrados y no registrados.
Ya está corregido, ahora pueden entrar todos los que quieran.

miércoles, 8 de agosto de 2007

Por qué dejé de jugar al ajedrez




Cuando tenía cinco años mi papá me enseño a jugar al ajedrez. En un juego chiquito, de plástico, con las piezas negras bien negras y brillantes y las blancas igual. Al poco tiempo ya le hacía fuerza, al año ya le ganaba. Mi papá me llevó a jugar a un club de barrio con muchachos mayores y me siguió resultando sencillo entender el juego.
Así fue como me anoté en un torneo intercolegial y fui pasando de ronda hasta que di con los buenos jugadores de verdad y perdí. Ahí entendí que más allá de la intuición o algún talento natural no era casualidad que el ajedrez también fuera conocido como el juego-ciencia, y si era ciencia había que estudiar.
Buenos Aires y el mundo se revolucionaron con la presencia de Bobby Fischer jugando la semifinal del campeonato del mundo contra el ex campeón el armenio Petrosian. Por esos días tuve mi primer libro de ajedrez en la mano, después vinieron muchos más. Y empecé a estudiar y me fue bastante mejor.
Hasta que un día apareció una pesadilla terrible. Casi todas las noches después de cenar me quedaba en el living de la casa paterna estudiando ajedrez, como los chicos que hoy se ponen a jugar a la Playstation, hasta que el sueño me vencía. No sé si alguno de ustedes vio alguna vez un libro de ajedrez. Más allá de las anotaciones raras, después de estudiar muchas variantes el autor concluía con un contundente: “…y las blancas están superior”. Esta sola definición, que podía ser igual para las negras, alcanza en lenguaje ajedrecístico para decir que el oponente está frito, y así me iba a dormir. Una vez, en un sueño profundo apareció la pesadilla que fue seguida por una angustia que pude soportar por poco tiempo. La pesadilla era que yo sentía la crueldad y el sufrimiento al que eran sometidas las piezas que había dejado sobre el tablero en inferioridad. Toda la noche sentían que la guillotina las iba decapitar ni bien asomara el primer rayo de sol al día siguiente. La pesadilla era recurrente y la angustia fue creciendo hasta tornarse insoportable. Ya tenía un juego de piezas profesional, un tablero de madera y muchos libros, pero no podía soportar la angustia que me provocaba esa pesadilla y no pude seguir estudiando. Ya más grande, en la Universidad me ganaba algunos pesos en bares del centro jugando ajedrez ping pong por plata, pero era un arte menor, un concurso de entrecasa. Ahora lo único que hago es de vez en cuando recordar alguna partida magistral sobre el tablero y deleitarme de la misma forma que cuando miré por primera vez “El descenso de la cruz” de Caravaggio. Así fue que dejé de jugar al ajedrez y estoy muy contento de haberlo hecho pero también me alegra el poder disfrutarlo como un arte.
Muchos años después me enteré que muchas de las mejores páginas de la literatura argentina padecieron en su génesis tal vez la misma angustia. Se trata de Roberto Arlt, al cual de niño su padre le propinaba tremendas palizas con el agregado de que un día lunes le decía que el jueves a las cinco de la tarde le iba a pegar. Imaginarme el padecimiento de Arlt niño fue identificarlo inmediatamente a las piezas que habían quedado noches enteras en esa misma situación de amenaza, y así como dejé de jugar al ajedrez no dudaría en cambiar las mejores páginas de la literatura argentina porque un niño jamás hubiera tenido que pasar por ese sufrimiento.

martes, 7 de agosto de 2007

Niña Rebelde


Aparenta ser tranquila y su interior es un manojo de cables a punto de hacer estallar la bomba.

Hace malabares al borde del abismo.

Un día a los 4 años preguntó al verme salir de la ducha desnudo: me podés decir de verdad como se hacen los nenes?

Nadie sabe de verdad que es lo que piensa. Nunca se puede estar tranquilo con ella.

Le gusta la música que a mi no me gustaba tanto a su edad, pero es la misma. Algunos son nuevos, otros no.

Le explico que Sex Pistols no me gustaba, que en es época nosotros escuchábamos al Flaco Spinetta y Led Zeppelin. ¿Cómo puede ser que Spinetta y Led Zeppelin sean "viejos" y los Sex Pistols "nuevos" si son contemporáneos?

¿Cómo explicarle que nosotros veníamos de una generación que arañó los umbrales de la revolución y que el punk nos parecía vacío justo ahora que se hizo peronista?

¿Será el punk-peronismo? ¿CFK está al tanto de esto?

Hoy almuerzo con la niña rebelde y peronista, estoy muy nervioso... sé que no será nada fácil.

Y un día me decidí. No sé bien qué va a pasar con esto, por ahora son solo ideas experimentales