viernes, 17 de agosto de 2007

El día más triste, el que me cambió la vida.


Era un sábado de primavera rosarina, había ido a trabajar con él y después almorzamos juntos.
De chico me llevaba a la cancha, recuerdo mi primer ingreso a la cancha de Central: un fuerte olor a orín. Había una pequeño sector en esa vieja cancha en la cual sólo iban mujeres y el grito de la hinchada femenina era algo muy parecido a las reuniones de madres de la escuela. Le gustaba tanto el fútbol que se hizo socio de Ñuls y me llevaba a la cancha, o mejor dicho yo lo acompañaba. De alguna forma fue la manera que encontré para estar más cerca de él.
Le pedí el auto prestado para pasarlo a buscar a Tommy, íbamos a jugar al tenis. La distancia era apenas unas quince cuadras. Me dio las llaves y se fue a acostar.
Nunca hablamos mucho en serio. Hablaba mucho pero esquivaba los temas profundos como cualquier buen padre. Un día me preguntó si había "debutado" y me pareció algo rarísimo, para que no preguntara más le dije que sí cuando debí haber dicho no.
Preparé el bolso, saqué el auto y fui a la casa de Tommy. El sol era el justo, la temperatura hermosa, la brisa suave, un día glorioso. Llegué al toque a la casa de Tommy, bajó rápido, me dijo llamó tu vieja, vamos a tu casa.
Su preocupación era que estudiara. En el fondo creo que le gustaba como era yo pero no llegó a entenderme. Unas semanas antes lo había citado para hablar, él pensó que mi novia estaba embarazada, ni siquiera eso llegó a entender. Era para decirle que lo quería.
Llegamos a la que era mi casa en esa época, el panorama era poco alentador. Varios móviles de urgencias médicas, entro con Tommy, veo a mi hermano, a mi vieja, los médicos, el fuerte olor a alcohol, algodones con sangre, equipos, aparatos, un enfermero que me mira cuando entraba al dormitorio.
Se quedó mirándome, no entendió lo que le dije o esa fue mi impresión. Era un gorila empedernido y había disfrutado mucho el rotundo triunfo radical del 85, justo una semana antes. Pensaba que el peronismo estaba liquidado, qué iluso!
Estaba tirado en el piso, desnudo, muerto. Le había estallado el corazón en mil pedazos, tenía 50 años, no conoció a sus nietos, y la puta decisión de tomárselas de golpe fue el día más triste de todos, el que me cambió la vida definitivamente.
Salí y lo busqué a Tommy que estaba ahí, mudo, pálido, sin decir palabras. Después de unos minutos de profunda consternación vino el ritual. Llevar papeles, elegir el cajón -sí, sí, asi como leen-, el velorio, los parientes, y el trágico gesto de despedirse del muerto, esa cosa difícil de entender y repetir lo que se ve. Todos besaban el cadáver y me pareció que debía hacerlo. Lo hice, fue la primera y última vez. Ahí me di cuenta definitivamente que esa no era mi viejo, que mi viejo estaba en la vieja platea del sector K en la cancha de Central, en las partidas eternas de ajedrez o dominó, enseñándome a jugar al póker, y no entendiendo que podía ser genuino que su hijo lo quisiera sin que hicieran falta muchas cosas más.

9 comentarios:

Yo (ri) dijo...

Textos como este enmudecen mi tan loada locuacidad.

Ana C. dijo...

Se entiende por qué fue el más triste y por qué usted y Tommy son tan amigos.

Un saludo

gardener dijo...

"La muerte que no admite que la sigan, la inauguración de la tormenta, la primera sonrisa del viento, todo lo que angustia como la eternidad, todo lo que se rompe en el infinito, la frase huyamos juntos colgando del abismo y rompiendo los puentes tras de sí"
Huidobro

Luba dijo...

me gustó la cita de gardener. es tal cual.

Tommy Barban dijo...

Enmudecí, igual que aquella tarde.

Marta Repupilli dijo...

No pensé en realizar un commnet sobre este post.
Pero anoche hablando con El Mellizo por teléfono, me incitó a que lo haga.
Alcancé a conocer al papá de El Mellizo cuando vivían, creo, por la zona de Echesortu. Yo era chica, hacía poco vivía en Rosario, había venido a estudiar. Un día pasamos con mi novio, quien ahora es mi esposo, por la calle Sarmiento enfrente del diario La Capital, y el me dijo: este es el negocio del padre de T.M. Se llamaba Lumbrería La Luciérnaga.
Hace poco, El Mellizo trasladó las instalaciones de la empresa que heredera de su padre, la que no solo mantiene el prestigio de aquella firma, sino que además está ubicada en un cluster de diseño y cambió el nombre de fantasía por el apellido a secas.
El Mellizo dice que nunca hablaban mucho en serio, que esquivaba los temas profundos, sin embargo, está claro que el padre le supo trasladar, con pocas palabras, su ejemplo de vida...

EmmaPeel dijo...

Lindo texto de un momento tremendo

elastichica dijo...

Gracias por compartir esto Melli.

Cosima dijo...

Ojala yo pudiera reproducir mi momento mas triste como vos.

Quiza tambien recuerde con mucha claridad la mirada de la enfermera cuando llegue a mi casa la primera y me enteré de la noticia... tambien primera.

Dios. Y pasaron muchos años.