martes, 14 de agosto de 2007

El señor Ottone

Crucé mi adolescencia con la dictadura que abarcaba todo. El 24 de marzo de 1976 me levanté para ir a la escuela y mi madre me dijo “Creo que no hay clases, hay un golpe militar” y siguió con las tareas domésticas. Para no quedarse con las dudas que hubiera clases y me pusieran una falta –jamás Sarmiento lo permita!- fui a buscar a mi compañero de barrio con el que iba al mismo colegio. El hermano de su abuelo era en ese entonces diputado nacional por el radicalismo santafesino, conocido por su apodo de “Merequetengue” puesto por su cocoliche nunca resuelto cada vez que le mostraba a alguien el treinta y ocho que llevaba en la cintura. Ahí me dijo su papá que no iba a haber clases por un largo tiempo, y así fue.
La adolescencia es un tiempo difícil para cualquiera, pero si a eso le cruzamos vivir en la Argentina de Videla, Massera y Agosti te la regalo.




"Tres tipos audaces"


Así y todo intentamos hacer algo. Un viejo militante socialista –el Sr. Ottone- era el director de la Biblioteca Argentina, viejo funcionario de carrera más bueno que el abuelo de Heidi, y organizó como válvula de escape y pequeño espacio de discusión un ciclo de cine debate los domingos a la tarde. Seguramente que hubo gestos más heroicos que el de Ottone, pero por pequeño que fuera todavía hoy nos admira esa grandeza de enfrentar la adversidad en tiempos difíciles. Ahí vi el cine que me formó, y con los amigos o novias del momento pudimos ver casi clandestinamente:


"Los compañeros"


"Los cuatrocientos golpes"




"Roma ciudad abierta"



"Citizen Kane"

"La Strada"


"Hiroshima mon amour"


"La dolce vita"


"Milagro en Milán"

y una cantidad de películas que se proyectaban entre los libros dormidos de la biblioteca, en un ritual que después de casi tres años nos podíamos identificar como fieles de la misma parroquia, mientras afuera, en los cines comerciales Palito Ortega pasaba sus películas oficialistas y la censura cortaba kilómetros de celuloide en nombre de “los valores occidentales y cristianos contra toda forma extranjera que no respetara la idiosincrasia del pueblo argentino..”
Esos domingos de invierno son inolvidables, me recuerdan la entrada a la Biblioteca, esperar en la Plaza Pringles mientras fumábamos un pucho, salir y seguir hablando de los actores y actrices, de los directores y argumentos, y así caminar cuadras hasta llegar a casa. Tal vez sea por esto que no sufro de la depresión de los domingos a la tarde.

14 comentarios:

Anahí Lazzaroni dijo...

Los santafesinos tienen mucha habilidad para poner sobrenombres.
Antes de leer este post creía que esa costumbre se daba sólo en los pueblos.

Luba dijo...

es que rosario es bastante pueblerino, no? o por lo menos los rosarinos.

elastichica dijo...

Milagro en Milan también? Ya nadie habla de Milagro en Milan. Te acordás cuando salen todos volando en escobas? Ya nadie habla de milagros. Ay Mellizo, basta de enternecernos con los domingos a la tarde, la cosa italiana y las tetas grandes.

Este post es mi favorito de tu blog.

El Mellizo dijo...

Es cierto, nadie habla de "Milagro en Milán", no debe ser cool.
Anahí y Luba: al principio no era su apodo, era lo que él decía que se transformó en apodo. Es cierto somos medio pueblerinos pero eso nos da cierto encanto en cualquier lugar del mundo, digo, la mezcla de ciudad y pueblo al mismo tiempo todo junto.

gardener dijo...

Se podría decir de Rosario ¿que es una mezcla de urbe y pueblo, en la que coexisten: lo peor o lo mejor de ambos mundos?

El Mellizo dijo...

Todo al mismo tiempo mi querido Gardener. Un amigo lo resumía en esta frase: "Vos acá te tirás un pedo en La Florida (playa sobre el río en la zona norte) y vas a la tarde al Saladillo (barrio del extremo sur) y te dicen: Ché, te tiraste un pedo en La Florida."

gardener dijo...

Mellizo esa metáfora es tumach, la incorporaré...

El Mellizo dijo...

Vieron, en este blog se puede decir la palabra pedo.

Ana C. dijo...

Muy lindo su blog. Y ese anaranjadito tan suave...

Tommy Barban dijo...

No conocía esta historia. Pasar "Roma ciudad abierta" en una biblioteca estatal durante la dictadura es heroíco sin vueltas.

El Mellizo dijo...

Como siempre sucede en estos casos: los ojos de la censura están puestos en las cosas nuevas y casi nunca en los clásicos. Una película de Rosellini les paría tan inofensiva como una de Sandrini.

EmmaPeel dijo...

bien por la saudade, melli

y me dieron ganas de verlas a todas otra vez

Yo (ri) dijo...

Mi madre me cuenta de cuando actuo "La casa de Bernarda Alba" en la dictadura. Un profesor que era marinero en la marina mercante, como retrasaban los envios de armas que el gobierno traia desde Israel.
Parece que lo mas revolucionario que se puede hacer hoy en dia es estudiar.

El Mellizo dijo...

No es un dato menor lo que decís, Rodrigo.