sábado, 11 de agosto de 2007

El Whisky, opción de opciones


De muy purrete tomaba poco alcohol, en casa mi padre era abstemio. Si, sé que resulta difícil de creer eso de haber tenido un padre abstemio pero así fue la cosa. O sea que, alcohol en casa nunca, sólo alguna botellita de licor (puaj!) para las visitas y la caña Legui para mi abuela. En la casa de la abuela Bibi se tomaba vino con soda: Vaschetti, Toro o Viejo Viñedo en botella de litro, se lo rebajaba con dos largos chorros de esos sifones de vidrio tan comunes antes tan valiosos ahora. Mi abuelo Fermín me daba pan mojado en ese vino a escondidas de mi padre.

Después empezó la cerveza, de a poco, mucho no soportaba todavía su amargo sabor. Un día un cliente de mi padre –bastante despistado- le regaló una botella de Chivas y mi padre la guardó en un lugar del mueble del living, así fui descubriendo el sabor de las maltas.
Cada tanto un traguito, hasta que hubo que hacer té en jarra y llenar la botella para simular la ausencia de líquido ámbar. Como casi siempre sucede, años después, un amigo de la familia vio la botella y quiso tomar: ahí me descubrieron pero ya era tarde.

El primer consumo masivo de tan noble bebida fue en la inauguración de Morgan Pub. Tenía 17 años y un primo de un amigo nos llevó. Había whisky a rolete y la consecuencia fue ser llevado en andas hasta mi cama ante la pregunta incesante de mi madre “¿Por qué tomaste tanto?” y mi respuesta lógica, redonda, perfecta: “Porque era gratis, mami!”.

Años más tarde, ya en la Universidad, fui a otra inauguración y me encontraron atrás de una puerta con un botella de Black & White vacía. Me tuvieron que llevar a casa de nuevo, pero esta vez había dos agravantes: mi padre el abstemio había regresado ese día de su internación en Unidad Coronaria por haber sufrido un infarto y la otra era que rendía un examen final a las ocho de la mañana en la Facultad en el aula 28 que era el fin del mundo a través de altísimas escaleras a las que llegué casi arrastrándome. Después de haber pasado el examen escrito, fui al coloquio, el aliento que tenía hizo que al darme la libreta el profesor me preguntara “Mellizo: usted tomó algo antes de venir?”. “Sí –dije-, una copita para entonarme”. “No lo haga más, puede ser peligroso…” lo dijo casi con ternura el profesor que me tomó el examen.

Después hubo un recorrido por el vodka, el snap estaba de moda. Recuerdo un viaje a Chabás con Ariel, un road movie intenso y en el no que faltó vodka en botellas tiradas en el asiento de atrás de su Taunus amarillo. Con el tiempo aparecieron los vinos, si tintos mejor, blancos secos y el champagne. Pero un buen día volvió el whisky y se quedó para siempre. De calidades buenas, regulares, con soda –muy a la uruguaya-, con hielo, puro, en vasos pequeños, que entran cómodamente en la mano y permiten moderar la cantidad de líquido justo en el paladar y en la garganta. Descubrimos las maltas puras, los irlandeses con tres destilaciones y los americanos con el sabor dulce del maíz. Junto con el chocolate amargo (los nuevos de Águila son increíbles), el cacao y la malta la combinación perfecta.

Y por una extraña coincidencia el año pasado para mi cumpleaños Virginia y Tommy me regalaron sin saberlo lo mismo: la colección de JW de las cuatro etiquetas: negra, verde, dorada y azul. Pero lo más importante es que aprendí a beber lo justo, la pregunta sería qué es lo justo? Lo justo mis queridos amigos sólo lo podrán saber ustedes, porque la fórmula exacta es para cada individuo distinta: detenerse en el mililitro anterior a quedar borrachos, espero que la encuentren y sepan disfrutarla.

12 comentarios:

elastichica dijo...

Siii, me gustó. Estoy encerrada en un placard (si, un ropero que tiene un nombre en inglés que no me sale) porque los Increibles, los más chicos en especial, no comprenden mi incipiente adicción a los blogs, y pretenden que me estire para otros lados y hoy no se me da por ser elástica. Esta conducta (la de esconderme) confirma mi adicción, pero todo esto no viene al caso. Este post me encanta! ¿Vos te dedicäs a esto, Melli? (A escribir digo, no a beber.) Yo también descubrí tarde el alcohol, pero ese punto justo al que te referís lo conozco bien. Yo, en particular, me pongo inteligente, o al menos escucho lo que digo y suena más inteligente. Y soy mucho más graciosa, esto me lo han confirmado. Te prometo. El vino con soda lo tomo todos los domingos a la tarde con mi papá.

gardener dijo...

Vagar y caer suavemente en algún mar, capaz de arrullarnos, o en algún vaso de whisky...uno nunca sabe.

Marta Repupilli dijo...

Recuerdo una fiesta en Punta Barranca; se trataba de la despedida de fin de año del CEMUPRO
durante el aperitivo, Mellizo y yo solicitamos al barman una copa de whisky, y nos sorprendió con un: no disponemos de esa bebida.
¿Será por eso que ahora el Mellizo quizá no vote al Frente Progesista?

El Mellizo dijo...

Cualquier fiesta sin whisky no es fiesta y eso condiciona cualquier voto.

Luba dijo...

además, tomarse un vaso de whisky (sin hielo y no en vaso de whisky sino en vasito), es sexy. sexy sexy.

betina dijo...

disculpen pero para mí la pregunta del millón es a qué se debe la coincidencia en el regalo de virgina y tommy
(lo deslizó ahí, como al pasar... y piqué)

El Mellizo dijo...

La coincidencia del regalo fue producto de los astros y los hados del destino.
Si Luba, sexy, muy sexy, ahora mismo tengo un vaso pequeño a mi lado con la mitad de líquido ambar que cada tanto deslizo por mi garganta.

EmmaPeel dijo...

güiski
endovenoso
si algun día caigo en uti

cura todo

Ana C. dijo...

Ah! Whisky y chocolate, qué combinación!

Richie dijo...

Permiso, un amigo en comun me acerco este link, quizas sabiendo mi gusto por las maltas añejadas. Me senti identificado con el robo de whisky a mi padre, que como el tuyo, es abstemio y guardaba las botellas que le regalaban a fin de año para las visitas . No puedo evitar intentar escribir , como la tuya,mi propia historia, no es muy diferente, salvo por el poder desatanudos que dispara en mi el jw etiqueta negra. Esas esperas angustiantes , con la garganta obturada por el dolor y la ansiedad, por la que nos dejo, primero, por los chicos que se enferman despues, no son faciles de destapar y desanudar las gargantas. Sin embargo, el quitapenas, como lo bautizo un amigo, es un trago cuasi necesario en la vida del que sufre. A no zarparse , que un borracho triste, da mala prensa.
Richie.

El Mellizo dijo...

richie, guille me mando su comentario, bienvenido.

TATANVW dijo...

También amigo de Guille decidí contarles mi historia, mi padre abstemio guardaba las botellas que le regalaban para fin de año detrás de una puertita de madera; para mi algo intrigante ese bargeño, como le llamaban en mi casa. Mi abuelo, viejo lobo de mar, era el ancargado de "tomarlas prestadas". Yo tenía solo 8 años, y él me llevaba a pescar truchas, luego de cada pique el festejo era con una medida de whisky, y cuando pasaban horas sin pescar nada, tomábamos un poco más para llamar a la suerte.
Hoy en día lamentablemente no puedo disfrutarlo, es por eso que me hice amigo de los taninos.