lunes, 8 de octubre de 2007

De los cambios en la militancia o la creación, gerenciamiento y expansión de Pymes familiares

Corrían los años 80's pre 83, la dictadura empezó a aflojar un poco, no mucho. En ese año ingresé a la Universidad y empecé a conocer a algunos de los sobrevivientes que todavía seguían vinculados a determinados sectores del movimiento estudiantil. Estas especies de dinosaurios de la facultad, a la que los jóvenes de la plata dulce despreciaban, hoy son en su gran mayoría la gente que administra la ciudad de Rosario desde hace 20 años de forma exitosa y que ahora se apresta a gobernar Santa Fe. Se los acusaba de estudiantes crónicos por hacer política, cuando en realidad fueron los que de alguna manera mantuvieron vivos el recuerdo y la evocación de aquella militancia de los 70's, aunque también -debo reconocerlo- eran un poco vagos..., pero cuando les llegó la hora de terminar la mayoría lo hizo.


Como muchos jóvenes de la época fui absolutamente seducido por el magnetismo de la figura de Raúl Alfonsín y si bien tenía simpatía por aquellos jóvenes socialistas había cosas que no me cerraban como su incondicional amor al folklore y a la vestimenta de hombres y mujeres grises y eso de tomar mate todo el tiempo y su moralina con respecto a ciertos temas. Así recorrí todos los lugares de la militancia de la época, lo hacía en la Universidad y en los barrios, afiliaba gente, salía a hacer pintadas. De ese modo conocí a un personaje típico de la política clientelista de la Argentina: don Julio Ledesma, era un hombre petiso, morocho, de cabellos blancos, que hablaba muy bajito y llegó a ser concejal de la ciudad porque ganaba de orejitas paradas la seccional 17ª, la más grande y populosa de Rosario, que se ubica en el ángulo de Av. San Martín y Bvrd. Seguí hacia el suroeste. Don Julio era el típico puntero de barrio que era amigo del cura, del comisario, que te conseguía la jubilación, la cama en el geriátrico y esas cosas. Nunca supe bien cómo se había hecho radical, tal vez alguien que lea esto me lo pueda explicar, pero venía como parte del inventario del partido de Alem y de Yrigoyen al que uno no tenía el beneficio de rechazarlo. Dentro de las huestes de don Julio había un morocho de familia numerosa, que era la mano derecha del puntero, y que aspiraba a sucederlo en el manejo del aparato partidario del barrio: el Negro Valente. Pero sucedió un hecho inesperado: la derrota de Malvinas hizo retroceder a la dictadura, se levantó la veda política y... llegaron las internas. El Movimiento de Renovación y Cambio juntó unos pesos y compró una vieja pick up F100 modelo 60, toda oxidada, consiguió unos tachos de aceite de 200 litros, cal, ferrite rojo y le encargó -precisamente- al Negro Valente que hiciera las pintadas para la interna. Y así empezó, el Negro Valente fue casi un militante durante cuatro o cinco años y mantuvo cierta lealtad hacia Don Julio, pero ya no le alcanzaban las chapas oficiales que le habían tirado había muchas bocas para alimentar. Un día lo vinieron a buscar de la Unidad Básica "Evita de los humildes" en plena interna de la etapa que fue conocida como Renovación Peronista y a Valente no le pareció mal vender sus servicios para una interna de otro partido, ya que cobraba sus buenos pesos y no entraba en la disputa electoral final, donde él seguiría siendo leal a la UCR.


También se habían puesto de moda los pasacalles de lo que fuera: "Te lustro el auto" "Feliz cumple Guido!" "Mi amor, como te extrañé, cosita hermosa", cosas así. Valente se le animó al rubro con los conocimientos que había adquirido pintando paredes y gracias a las charlas en las pinturerías del barrio de las cuales era un cliente destacado. Así tuvo su primer cuenta corriente en la pinturería "Los 3 hermanos" que paradójicamente era manejada por cuatro hermanos, eso fue algo que nunca supe cómo era.


Y la actividad política creció, y el menemismo llegó al poder, y la militancia ya no era lo que había sido antes, don Julio murió, las chapas que le había dado el radicalismo se cayeron, y el negro Valente montó su empresa de pintadas callejeras, pasacalles, muros, casas, edificios, lo que sea. Hoy es una auténtica Pyme familiar que da trabajo a más de 50 empleados a los que paga con planes Jefes y Jefas, no hace aportes ni nada y tiene chapas hasta en las provincias de Jujuy a Tierra del Fuego. El tipo vio la oportunidad y se metió, hizo justo el cambio cuando tenía que hacerlo. ¿Qué tiene que envidiarle a José Luis Manzano hoy poderoso magnate de medios de comunicación? Nada. Absolutamente nada.







Valente: una marca registrada

3 comentarios:

EmmaPeel dijo...

Melli me recordó este lindo debate que se armó en torno al clientelismo, con agudos y excelentes txt de María Esperanza y buenos aportes de los comentaristas de La Barbarie

http://labarbarie.com.ar/category/ideas/clientelismo/

El Mellizo dijo...

ahora lo voy a ver.

Tommy Barban dijo...

Pocas veces he sido más feliz en mi vida que cuando salía con la banda incansable, erotizada y "persuadida" a pegar esos carteles hasta la madrugada en las noches cálidas de octubre del 83.