martes, 20 de noviembre de 2007

La eterna vida de lo efímero

Ella llegó cansada a la estación, atrás una multitud esperaba su turno. Pudo ver a dos o tres o cuatro conocidos del barrio seguramente el pan no iba a alcanzar para todos esa noche. Todavía no habían llegado los inspectores ni los agentes de cuentas ni los primeros contactos, sólo estaban los cuidadores que miraban indiferente las vías del tren que había dejado de pasar hacían hoy exactamente tres días.
La puerta se abrió y no había nadie más, qué extraño pensó. Sola en esa habitación mirando las luces y escuchando ruidos no podía acordarse cómo había llegado, si la trajo algún amigo o si se perdió y terminó ahí, el problema estaba siendo retener los últimos recuerdos. Se podía acordar de todos los nombres de sus compañeros de escuela pero jamás del número del tranvía del que se había bajado.
La sonrisa era maravillosa, la miraba reirse y se contagiaba, hasta se ponía contenta y todo. Le acarició el pelo, le dio la mano, estuvo a punto de besarla, la empujaron y se cayó. Los cuidadores reaccionaron rápidamente y repartieron café con leche y tostadas de pan con manteca. Ella se pudo levantar y tomar el café con leche directamente de una manguera que salía al costado de la puerta que había abierto.
Abrió los ojos por última vez, miró a todos y los numeró: uno, dos, tres, cuatro... creo que contó veinte o por ahí, les puso un nombre a cada número, cerró los ojos y dejó de respirar.
La Señora había pasado espléndida, qué cerca estuvo. Mojó su pañuelo en la canilla de agua y se lo pasó por su rostro tenso y desencajado. Quién sabe porqué recordó que todavía no había llamado a su casa. Se dirigió afuera de la estación y su paso fue, poco a poco, ganando firmeza. Y cuando volvió a entrar, se recompuso sobriamente para esperar el sol de la mañana.

4 comentarios:

Anónimo dijo...

La gente me parece que extraña tus temas políticos y polémicos. Que pasa que no hay nadie por acá? Bello texto.

Ri dijo...

yo quede agotado de la discucion pasada.

Anónimo dijo...

Mellizo,
Lo leí dos veces y lo leere una tercera. algo me pierde pero me atrae el relato y me genera tristeza, el refilon de la pobreza, de los recuerdos, de la vejez, del sometimiento al "tener que volver", de la espera, de la enfermedad.
Es misterioso y algo confuso. Me gusto mucho. Mary Poppins

El Mellizo dijo...

Esa era la idea Mary, un poco recuerdos, sueños y realidad en una sola persona mayor.