jueves, 24 de abril de 2008

Las personas cambian (segunda parte)


El moncholo


Así fueron los primeros encuentros. Por las tardes Violeta pasaba cerca de la oficina de Pablo, mandaba un mensaje de texto, si estaba Pablo le decía “subí”, así con el imperativo, una orden precisa que Violeta cumplía sin vacilar. La orden se instalaba en el cerebro de Violeta y desataba un mecanismo imposible de desactivar igual al de una bomba supercompleja con el segundero haciendo tic tac a punto de estallar, imparable, total, definitiva, absoluta, devastadora. Desde que empezaron los encuentros Violeta tomaba la precaución de usar siempre faldas, adquiriendo con los días una extraña habilidad: ya sea subiendo en el ascensor o la escalera llegaba a la oficina de Pablo con la bombacha en la cartera, es decir propiamente en bolas.


A las dos semanas Pablo sintió un vacío después de cada encuentro. Entre la soledad y el whisky, entre el miedo a morirse y sentirse viejo, sentía que la juventud de Violeta por sí sola, de esta forma, no le agregaba nada a su vida. Una tarde después de un polvo terrible y con Violeta todavía apoyada sobre el escritorio con la pollera sobre la cabeza, sus piernas abiertas temblando, y su culo y concha al cielo, Pablo se apoyó contra la pared mientras tanteaba el atado de cigarrillos y dijo, en uno se esos raros momentos en que se sentía inmortal y dispuesto a hacer cualquiera “A esto hay que ponerle otra cosa”. “¿Qué cosa?” dijo Violeta mientras intentaba levantarse, en una pregunta que escondía en el fondo cierta sorpresa porque para ella así estaba todo bien. “Algo”.


A los dos días Violeta se prepara, pasa cerca de la oficina de Pablo, manda el mensaje, aparece el “subí” y esta vez el imperativo funcionó más lento. Hizo todo el ritual pero algo la tenía intranquila, cuando llegó a la oficina Pablo le abrió la puerta y para sorpresa de Violeta sentado en un rincón un señor morocho, de bigotes, al cual le veía cierto rostro familiar. “Te presento, Jiménez, el portero”. Lo que Pablo no dijo era que Jiménez además de portero era prestamista y que él era uno de sus principales deudores. Violeta entendía poco. Pablo la tranquilizó “No pasa nada, sólo vino a mirar”. Jiménez no decía palabra, era como la estatua de un buda negro. En el segundo antes que Violeta saliera corriendo Pablo la agarró fuertemente de los brazos y le dijo al oído pero con la voz lo suficientemente alta para que Jiménez escuchara “Vas a ver como te gusta, putita”. Y Violeta se evaporó, se perdió, le importó un carajo que Jiménez la mirara con sus ojos de moncholo, lo único que quería era agarrar la pija de Pablo, sentir como se le iba endureciendo en sus manos y llevársela a la concha con la urgencia del hambriento frente al plato de guiso.


Cuando terminaron y mientras todavía el aire estaba lleno de gritos y gemidos, de embestidas y movimientos, y la cara de Jiménez que no podía resistir un segundo más, Violeta dio vuelta la cabeza, buscó con la mirada los ojos del moncholo, desafiante, segura de haberlo vencido, como el pescador cuando lo saca del agua y el bicho resignado se da cuenta que perdió que su destino serán las tripas al aire abiertas por un cuchillo sin filo y que servirán de carnada para otros. Cuando los encontró Jiménez no pudo sostenerle la mirada un segundo, los entornó con vergüenza y miró el piso, ahí fue cuando se sintió dominadora de la situación ya que lejos estaba de sentirse mal, todo lo contrario, para su sorpresa había gozado como nunca.


(continuará)

24 comentarios:

Ana C. dijo...

Eh, Mellizo ¡Qué cosas que nos está contando!

Clodio Pulcher dijo...

Mellizo:
Usted atenta contra las buenas y sanas costumbres de la mas alta moral cristiana de un pais catolico apostolico romano, deudor de la Santa Iglesia, como es nuestra creyente republica argentina.

Siga asi.

Bombón Asesino dijo...

El Mellizo se vino recargado!

DRODRO dijo...

Vamos todavía, yo me pregunto: cuando Violeta nos mire a nosotros, seremos capaces de devolverle la mirada?

perra de agua dijo...

Esto mellizo viene genial! Siga, esperamos ansiosos. Hace poco que lo frecuento, no conozco en profundidad sus producciones, sin embargo me atrevo a decir (como ya dijeron) que la ficción es lo suyo. Saludos caninos!

brasil dijo...

Perdón. Quise decir Bukowski

girlontape dijo...

very interesting

inés (esa no, la otra) dijo...

Consejito para Violeta: sacarse la bombacha antes de un encuentro sexual es un cliché literario y un error práctico, a los hombres lo que los calienta es, justamente, bajarnos la bombacha (e inclusive garcharnos con la bombacha puesta o a medio bajar)

El Mellizo dijo...

ana c.: la historia empeorará.
drodro: depende la situación
bombón: le parece?
perra: gracias
brasil: vamos y venimos.
stef: conocías el moncholo? viste que estaba en proceso? satisfecha?
inés: no me suena mucho a cliché literario, no podría decirle si lo he leído alguna vez. pero se equivoca en su mirada femenina: inés se saca la bombacha para calentarlo a pablo, lo hace para calentarse ella. eso intenté captar con esa imagen. ¿por qué generalmente se piensa en calentar al otro y no calentarse uno? grave error.

Ri dijo...

Buenisimo Mellizo.

Clodio Pulcher dijo...

No me ignore Mellizo. Ya aprecio su literato trabajo.

El Mellizo dijo...

clodio no lo ignoro, le pido disculpas. voy a tratar de seguir así.
gracias ri.

ann dijo...

me gustaba mas antes...
me parece que se ha metido en un embrollo

girlontape dijo...

el moncholo me hizo pensar en saer

Naanim Timoyko dijo...

Mellizo: está bien así, desde luego. Pero leer cómo cojen los otros siempre es un poco decepcionante para uno. No digo que no me guste, Pero digo que me gustaba más antes, cuando se refería a la vida "ganapán" de sus personjes. Los cuentos de gente que coje sólo interesan a una generación que se está reproduciendo. Pero usted parece de la generación que no sólo se reprodujo, sino de la que tiene ya cuentas pendientes con eso. Quién sabe. Mi interés no es personal, pero me da de preservarlo, no?
Y, Stef (chica en la cinta —cuidado, acá usamos la expresión "chica en cinta"): ya zafamos de Fontanarrosa, no nos pongamos en el aprieto de zafar de Saer.
Cariños
T.

El Mellizo dijo...

naanim t.: estamos leyendo de como cogen dos y otro mira, somos la mirada de ese espectador y al mismo tiempo lo vemos a él también. no hay un antes en el relato, el relato fue siempre así. tiene un principio y un final que ya los conozco, tal vez haga algunos vericuetos en el medio. que ann se quede tranquila por eso: no estoy en ningún embrollo.
volviendo a la señora timoyko, a veces detrás de un comentario con pretensión de inteligencia se puede esconder la mayor de las tonterías. Qué es eso de que "Los cuentos de gente que coje sólo interesan a una generación que se está reproduciendo". Primero este no es un cuento de personas que cojen, si hacen esa lectura se equivocan. El cuento tiene que ver con la soledad, cierta sordidez en las relaciones y en un deterioro que llevará a terrenos que todavía no imaginan. Segundo, es que si bien me he reproducido, puedo seguir haciéndolo aunque tenga "alguna cuenta pendiente con eso", no veo por dónde corre su invalidación, o si la veo me parece demasiado infantil.
Le agradezco su intención de preservarme -tampoco me queda claro de qué- pero no se tome semejante molestia, desde hace muchísimos años -tal vez más de los que piense- me vengo cuidando solo y no me fue tan mal. sí voy a coincidir con usted en su frase final, no me pongan en el apriete de tener que zafar de saer.
stef, el moncholo no tiene nada que ver con saer, sólo que saer escribía a veces sobre hombre que pescaban o la vida cerca del río, etc. el moncholo tiene que ver con un personaje que conocimos hace años con el lic. herrera. vieron que la linealidad es difícil de encontrar y que la mayoría de las veces no existe.

Naanim Timoyko dijo...

Mellizo: tiene razón en todo. Estaba medio empedo cuando le escribí eso. Debe ser un problema mío: cada vez que aparece el sexo en la historia tengo la sensaciòn de que se acabó la aventura. No dije en ese pretencioso comentario que solo la elección del término "el moncholo" ya justifica el relato (del mismo modo que antes nos deleitó con "tucaneo").
Nos leemos río abajo.

vudu dijo...

me estiraras la hora de vuelta a casa hoy?
dale
mira toca
dekadencia (la banda de bianca) y sueño
sy depsues los koalas! que hacen ska
a penas termine vuelvo a casa
y juro no tomar nada.

girlontape dijo...

"Solo existen la concha y la religión." -Emile Zola

"Dentro del hombre razonable demora el imposible, un soberano escondido. La mejor manera de familiarizarse con la muerte es por medio de una idea libertina." el marques de Sade

"La emoción estetica nos sensibiliza a la emoción erotica: el arte es cómplice del amor." Remy de Gourmont

O sea que: go Melli...

El moncholo: para mi, re Saer (La Grande, to be exact) y me encantó ver esa imagen, xq siempre me quedé pensando, como serán esos moncholos?

girlontape dijo...

de hecho, el moncholo se re parece al catfish

j. dijo...

Buena segunda parte. Hay un par de cosas que no me terminaron de gustar demasiado, pero en términos generales me quedo contenta esperando la tercera. El modo en que se relacionan estos muchachos, y en particular la soledad en que parece estar encerrado el protagonista me atraen mucho.
Así que sí, quiero más.

Alin dijo...

Muy bueno. Me copa la casual mentira del "estoy cerca da tu oficina".
ta bueno!
Saludos!

La Gritona dijo...

muy buena la historia la vengo siguiendo, pero muy chiquitititita la letra!!!

elastichica dijo...

qué le puedo decir, Melli? Llego tarde y ya le dijeron todo...
Sólo un par de cositas: Prefiero que Pablo lo deje ver al portero de depravado y no por una deuda, pero es tu cuento y ta todo bien. Copado que Violeta se anime; no la creía capaz (está bueno tantear eso de que todos perdemos las formas cuando corren los ratones). Finalmente, la pollerita cinzano arriba del escritorio es algo que fantaseamos las mujeres que andamos cerca de oficinas y escritorios. Nunca le había agregado el previo del ascensor... voy a probar.
Ultimo Melli, entre nos, decime ¿de donde sacaste este cuento? Diría que viene de algún recuerdo de antaño pero en nuestra época no había mensajes de texto y la llamada del teléfono público quitaba un poco la espontaneidad... (aunque nos la ingeniabamos bastante bien, no?...)