jueves, 31 de julio de 2008

Las dos caras de la moneda

El Negro Fontanarrosa: ídolo popular o amarrete con los artistas jóvenes?

El 19 de julio pasado se cumplió un año de la muerte de Roberto Fontanarrosa. Con "el Negro" supe compartir mesas de café y algún que otro partido de fútbol en los que él intentaba lagunear en el medio campo y yo estaba interesado en romper redes y quebrar algunas costillas de defensores rivales.

No fuimos amigos, si no conocidos cordiales, esa gente con la que te ves y te saludás y te ponés a charlar sobre la agenda del día o sobre los lindos ojos de alguna señorita sentada a dos mesas de la nuestra.

También nos unía la misma pasión por el cuadro de Arroyito. El azul y amarillo que tan bien supo cantar en diferentes situaciones y construir una épica propia del sentimiento canalla. Si algo diferencia claramente la popularidad que tiene Rosario Central por sobre su rival es que Fontanarrosa fue el bardo que supo transmitir los éxitos deportivos casi como proezas titánicas que tan bien lo refleja su visión sobre aquel partido en el Monumental cuando Central eliminó a Ñuls con la mítica palomita de Poy que quedó inmortalizada en su cuento "19 de diciembre de 1971".

Se imaginarán ustedes lo que fue Rosario en esta fecha. Aparecieron las habituales "viudas" de los personajes famosos muertos haciendo reportajes, declaraciones, actos, hasta alguno llegó a proponer que se cambiara la fecha del día del amigo del 20 al 19 de julio en homenaje al Negro. Para mí este último dato es neutro, ya que el día del amigo ni me va ni me viene. No saludo a nadie pero como soy cortés con la gente que me demuestra afecto devuelvo todos los saludos que me llegan ese día con un escueto "gracias". La mayoría de esos saludos me llegan de gente amiga pero no tanto, se entiende? Los amigos no nos saludamos en ese día.

Hasta acá todo bastante trivial, no? Sucede que durante estos días, hablando con una persona cercana sobre el aniversario de la muerte de Fontanarrosa y todo lo que generó en Rosario, ella me dijo que a diferencia de la mayoría de la gente su mirada sobre Fontanarrosa era muy distinta.

Me contó que en el año 2002 ella había terminado un prestigioso taller literario en Buenos Aires que le había costado un buen sacrificio. Viajaba todas las semanas desde Rosario, pagaba sus gastos, el curso, en épocas de malaria profunda, lo cual aumentaba el mérito del mismo. Cuando terminó el taller, no sé bien cuanto duró pero creo que fueron seis meses más o menos, su profesor y compañeros decidieron sacar una publicación con los mejores trabajos del taller. El nombre de la misma de por sí era bueno: "Toro Cebado" se llamaba esa pequeña revista que tuve oportunidad de leer, con buen diseño, buenas ilustraciones, buen material. La publicación de la misma también fue hecha a pulmón y se vendía en el círculo de amigos al módico precio de un peso, es decir treinta centavos de dólar en la Argentina post devaluación.

Todavía con cierta bronca entre sus palabras me dijo que una tarde que estaba con unas amigas en el bar La Sede de la ciudad de Rosario, bar dónde paraba transitoriamente el Negro hasta que relanzaron El Cairo, se acercó a la mesa en la que estaba Fontanarrosa y ofreció su revista. Repartió los ejemplares y todos los integrantes de la mesa llevaron sus manos a los bolsillos, sacaron el peso y se quedaron con la revista. Todos menos uno: Roberto Fontanarrosa que la devolvió displicentemente. Se pueden argumentar muchas cosas en favor de Fontanarrosa y de lo hinchado las pelotas que debería haber estado de la cantidad de cosas que le ofrecían todo el tiempo, pero también ese gesto puede hablar de su solidaridad limitada o de algo escondido que nunca se reveló de su personalidad. "No esperemos virtudes privadas de los hombre públicos" dijo alguien alguna vez hablando sobre Rousseau, pero me parece mejor aconsejar que nunca hay que dejar de comprarle una revista a una mujer hermosa y con pretensiones de escritora. Nunca te lo va a perdonar.

miércoles, 23 de julio de 2008

Esos raros peinados nuevos

Así me cortaba "Blasito"



No es que sea tan esteta con mi pelo, pero debo reconocer que la elección de peluquero siempre fue un tema complicado para mí. De niño mi madre me llevaba a la peluquería de Blasito, un señor peluquero muy a la antigua, muy deteriorado y venido a menos, solterón que vivía solo en una casa enorme, con un fondo que parecía una selva lleno de perros promiscuos e incestuosos que se procreaban todo el tiempo entre madres, hijos, hermanas, hermanos, un quilombo. Mi primer perro, Buqui, vino de esa estirpe. Blasito se llamaba Blas Cannoniero. Su nombre le vino impuesto por el santoral, ya que nació un 3 de febrero día de San Blas, justo el mismo día que mi madre. Su regalo para mi madre era la primera poda de higos maduros de las enormes higueras que tenía en ese fondo selvático. Blasito además era el quinielero del barrio y pasaban por ahí muchos clientes a jugarse un numerito por las tardes. Blasito era peronista histórico y un día me mostró un baúl en el que guardaba cosas dos cartas escritas y firmadas de puño y letra de Juan Perón. Cuando murió quise ir a ver si estaban, pero nada quedaban de aquellos baules.


En la adolescencia inicié mi perigranaje de peluqueros. Primero fui a Héctor Luis, apodado como "El león" por su larga caballera y barba tipo hippie. Era la peluquería de moda del barrio Echesortu, donde iba la juventud alocada de los 70's. Había que hacer cuatro horas de cola para que "El león" se dignara a atenderte como haciéndote un favor. Tenía de ayudante que te lavaba y secaba el pelo a su hermano Silvio que supo ser antes de entrar en el rubro fashion un laborioso obrero metalúrgico. Un gran momento de aquella época fue cuando se casó con la cantante litoraleña María del Paraná, matrimonio que terminó en divorcio al poco tiempo cuando -decían las malas lenguas- ella lo encontró en la cama con otro hombre.


Cuando empecé la facultad y ya me costaba más mantenerme encontré la peluquería del subsuelo de la Bolsa de Comercio. Una peluquería vieja pero linda, el peluquero era el señor Rodríguez, amable señor bajito gordito y pelado. Fue un paso fugaz.


Iba con intermitencia a distintos peluqueros, recuerdo a uno que fui más de una vez que se llamaba Adalberto, también fui a lo de Eduardo Barrile (un motoquero que regala juguetes en el Hospital de Niños para el día del Niño) y Pedro Minuto, y nunca podía cerrar con alguno.


Un buen día fui a Mario, que después se transformaría en "Mario el peluquero sicópata". Mario arrancó bien, como todo peluquero de escuela, era italiano de verdad y había estudiado en Italia "il tagliatti dei cappelli". Excelente peluquero pero que con el tiempo fue dejando ver su claro rasgo de insanía. El asunto empezó cuando su mujer fue a ayudarlo a la peluquería. La mujer también era italiana y hacía las manos y oficiaba de asistente. El dato a tener en cuenta es que era sorda, sorda total, pero sabía leer los labios, los cuales podía leer ya sea en italiano o español según viniera el caso. Era un lectora de labios bilingüe, notable. El tema era que el tipo me contaba como la gorreaba a la mujer sistemáticamente pero delante de ella y me hacía un guiño cómplice "no hay problemas, es sorda, no escucha nada". La situación era horrible, especialmente cuando entraba en el relato de detalles y yo le pedía que parara y él seguía diciéndome eso de que era sorda, pero a mí poco me importaba ya la sordera de ella, me importaba no escuchar más cosas que no me interesaban ni ahí. Otra cosa que hacía para perturbarla era pedirle cosas hablando bajito y de espaldas. "Alcanzame el secador" susurraba de espaldas tres o cuatro veces y la mujer seguía colgada, de golpe se daba vuelta y le gritaba enojado: "te dije que me alcanzarás el secador!" ante lo cual la pobre mujer reaccionaba con temor y sumisión. Esto fue hasta hace dos meses, cada vez que iba sabía que iba a tener que pasar por esos momentos tan desagradables, y si bien intenté cambiar ninguno de los que iba podía cortarme tan bien como él. Pero se fue de viaje a Italia, tres meses, a visitar a sus hijos que viven allá, y tuve que salir a buscar peluquero "muletto".

Fue así como encontré a Nicolino, que tiene su atelier anclado en la década del 80. El tipo tiene como veinte trofeos y diplomas por todos lados. Uno de los más llamativos es uno que dice "7º en el Mundo, 1º en Latinoamérica", su tarjeta es algo hermoso, mientras nos aclara que "nos brinda un servicio distinto, junto a María Teresa (a quien nunca vi)" la remata con "¡Todos los cortes del mundo puestos en Rosario y porqué no del Universo!..." (sic), lo cual nos habla de cierta ideología intergaláctica. Nicolino se viste con mocasines, pantalones y camisas de los 80's, y usa la camisa arremangada con un detalle insólito, el puño lo dobla hacia adentro. El otro día la niña Vudu pasó por el "Atelier Nicolino" y no lo podía creer y me llamó riéndose mucho, a lo cual le respondí que tener un peluquero de los 80's era algo de un glamour insuperable y que su padre lo tenía.


Más allá de estos detalles, Nicolino me corta bien y me ayudó a sacarme de encima a Mario el peluquero sicópata, por lo cual le estaré eternamente agradecido y en deuda.


Así de esteta soy.

lunes, 14 de julio de 2008

Garquilandia

En sus tapas ya famosas, la revista "Barcelona" nos regala una última muy divertida. Bajo el título "Argentina ya fue", sugiere una serie de nombres alternativos y el que más me llamó la atención fue Garquilandia.
Esta tarde tenía turno con mi médico para ver como evoluciona el episodio de la semana pasada. Al salir de su consultorio, ubicado en la puerta de lo que se conoce en Rosario como "El Paseo del Siglo" -que no tiene nada que ver con algún clásico futbolero-. El calor que nos regala este inesperado verano me motivó a caminar esas cuadras hasta mi oficina. Hacía mucho tiempo que no las caminaba a esa hora, más o menos las 5 de la tarde, y en plenas vacaciones de invierno. Creo que este fenómeno hace que, muchos que están en las sombras durante el año saquen la cabeza a tomar un poco de sol y a pasearse y pasear a los chicos.
En esas breves ocho cuadras que dan nombre al tradicional paseo vi recién una cantidad de garcas como hacía tiempo no veía. Por eso, recordándome del nombre sustituto que sugiere la revista Barcelona para la Argentina, es decir, Garquilandia, pensé que, si ese fuese el nombre elegido, Rosario debería ser sin dudas su capital, cumpliéndose el sueño de otros garcas que nuestra historia supo prohijar.
Por las dudas, dirigí la mano hacia mi billetera, cerré el botón del bolsillo del saco y seguí caminando, pero un poco más rápido.

martes, 8 de julio de 2008

Slow down evil Twin

El abdomen de El Mellizo


Cada tanto la vida me da un barquinazo.

El viernes pasado empecé a sentir cierto malestar abdominal, salí de mi clase de doctorado, fui a buscarlo al niño menor y paré en una farmacia, me automediqué como generalmente hago, y llegué a casa. El dolor y el malestar lejos de irse aumentaban.

A la mañana del sábado fui al Sanatorio Parque a ver a un clínico y no me dijo mucho, pero que si me sentía mal volviera a la guardia a la tarde. Tuve que volver a la tarde y ahí empezó el periplo de placa-laboratorio-ecografía-se queda internado en observación.

Los médicos dijeron: "la milasa está corrida, no mucho pero corrida..." "glóbulos blancos muy altos, no decimos que es quirúrgico pero...".

Ese sábado lo había invitado a mi amigo del alma Tommy Barban a cenar en casa, aprovechando que estaba en Rosario y que era su cumpleaños. La amargura de suspender la invitación y la resignación frente al dolor insoportable. Nuestro regalo, la torta de chocolate con frutos rojos (tal como la pidió Barban), quedó guardada en la heladera.

Tommy me fue a visitar con su primo médico al sanatorio y me tranquilizaron bastante, y ahí me empecé a acordar, cuando te preguntan que fue lo último que comiste si se refieren a lo de anoche, a lo de hace una semana, a lo de hace un mes. Prefiero decir lo de la última noche, comida de bebe casi. No voy a decir nada sobre los dos o cuatro Jameson's -no vale la pena discutir cantidades ahora- el jueves y los nachos y las fajitas que comí. Ni de la cena del martes, ni de los Jack Daniel's diarios previos a la cena. De eso no voy a hablar, que investiguen, para eso son médicos.

Y ellos investigan, sangre, orina, sudores, tomografías, ecografías, contrastes, y no saben mucho. No hay un diagnóstico claro, "podría ser..." "hay una partecita del páncreas que aparece un poco inflamada...", y a veces me suena mejor así, la incertidumbre frente a la certeza.

Y ahí escucho reproches de gente que me quiere, y me siento débil y muy vulnerable, y juro levantarme a las 6 para ir al gimnasio, y no tomar más whisky sólo un vasito por semana, y sólo media botella de vino, y no comer cosas picantes, y por lo menos hacer pilates, y cambiar de forma de vida, y que los problemas los arregle otro, y que supertwin cuelgue la capa un rato y pare de luchar contra los malos un ratito y duerma una siesta. Todos sabemos que de esas promesas algunas serán cumplidas un tiempo, otras no, y otras tal vez perduren un poco más.

Después de cuatro días de estar internado, de no comer nada, de recibir sólo suero y calmantes, quedan muchas cosas, algunas las contaré acá otras no. Pero lo más triste de todo fue ver sobre el cajoncito que dejamos los papeles en casa, la factura de la torta que mi amigo Tommy no pudo probar y que yo tampoco podré hacerlo.

La factura de la Pastelería Artesanal, la Choco Frambu espera a otros

martes, 1 de julio de 2008

Un día como hoy

Tal vez la foto más conocida del entierro del General

Hace 33 años, el 1º de julio de 1975. Iba a mi primer año del secundario, en el Superior de Comercio de la U.N.R., en pleno gobierno de Isabel. Oscar IvaniSSevich era el Ministro de Educación. Ese día se cumplía el primer aniversario de la muerte de Juan Perón. A mitad de mañana vinieron los preceptores más pesados, uno de ellos fue miembro de la triple A y de la SIDE, y buscaron alumnos en los cursos más nuevos. Nos llevaron caminando por calle Mendoza tres cuadras, hasta la Iglesia de Lourdes que tiene dos templos, el principal y la cripta. En la cripta estaban las autoridades de la Escuela. El director Federik, el "topo" Mazza (vice), y una manga de ortivas y chupacirios llenos de crespones negros. Un cura nazi hizo un sermón que llamó a limpiar el "mal" de la Universidad Argentina. Demás está decir que esta gente siguió al frente de la Escuela después del golpe del '76, se quedaron hasta el '78 los más notables, otros se quedaron más.

En esa época se hacían exorcismos en las aulas universitarias, se asesinaban estudiantes y me llevaron a misa a conmemorar la muerte del ex-presidente Perón.

Volvimos a la Escuela caminando después de la ceremonia, nadie hablaba, me parece que todos tuvimos un poco de miedo. Los compañeros que se habían quedado nos preguntaban a dónde habíamos ido, y cuando le respondíamos que a "una misa por Perón", nos decían que nos dejáramos de joder. Tenían tanta razón: todo parecía un mala broma, pero en realidad era el comienzo de una pesadilla macabra.