miércoles, 23 de julio de 2008

Esos raros peinados nuevos

Así me cortaba "Blasito"



No es que sea tan esteta con mi pelo, pero debo reconocer que la elección de peluquero siempre fue un tema complicado para mí. De niño mi madre me llevaba a la peluquería de Blasito, un señor peluquero muy a la antigua, muy deteriorado y venido a menos, solterón que vivía solo en una casa enorme, con un fondo que parecía una selva lleno de perros promiscuos e incestuosos que se procreaban todo el tiempo entre madres, hijos, hermanas, hermanos, un quilombo. Mi primer perro, Buqui, vino de esa estirpe. Blasito se llamaba Blas Cannoniero. Su nombre le vino impuesto por el santoral, ya que nació un 3 de febrero día de San Blas, justo el mismo día que mi madre. Su regalo para mi madre era la primera poda de higos maduros de las enormes higueras que tenía en ese fondo selvático. Blasito además era el quinielero del barrio y pasaban por ahí muchos clientes a jugarse un numerito por las tardes. Blasito era peronista histórico y un día me mostró un baúl en el que guardaba cosas dos cartas escritas y firmadas de puño y letra de Juan Perón. Cuando murió quise ir a ver si estaban, pero nada quedaban de aquellos baules.


En la adolescencia inicié mi perigranaje de peluqueros. Primero fui a Héctor Luis, apodado como "El león" por su larga caballera y barba tipo hippie. Era la peluquería de moda del barrio Echesortu, donde iba la juventud alocada de los 70's. Había que hacer cuatro horas de cola para que "El león" se dignara a atenderte como haciéndote un favor. Tenía de ayudante que te lavaba y secaba el pelo a su hermano Silvio que supo ser antes de entrar en el rubro fashion un laborioso obrero metalúrgico. Un gran momento de aquella época fue cuando se casó con la cantante litoraleña María del Paraná, matrimonio que terminó en divorcio al poco tiempo cuando -decían las malas lenguas- ella lo encontró en la cama con otro hombre.


Cuando empecé la facultad y ya me costaba más mantenerme encontré la peluquería del subsuelo de la Bolsa de Comercio. Una peluquería vieja pero linda, el peluquero era el señor Rodríguez, amable señor bajito gordito y pelado. Fue un paso fugaz.


Iba con intermitencia a distintos peluqueros, recuerdo a uno que fui más de una vez que se llamaba Adalberto, también fui a lo de Eduardo Barrile (un motoquero que regala juguetes en el Hospital de Niños para el día del Niño) y Pedro Minuto, y nunca podía cerrar con alguno.


Un buen día fui a Mario, que después se transformaría en "Mario el peluquero sicópata". Mario arrancó bien, como todo peluquero de escuela, era italiano de verdad y había estudiado en Italia "il tagliatti dei cappelli". Excelente peluquero pero que con el tiempo fue dejando ver su claro rasgo de insanía. El asunto empezó cuando su mujer fue a ayudarlo a la peluquería. La mujer también era italiana y hacía las manos y oficiaba de asistente. El dato a tener en cuenta es que era sorda, sorda total, pero sabía leer los labios, los cuales podía leer ya sea en italiano o español según viniera el caso. Era un lectora de labios bilingüe, notable. El tema era que el tipo me contaba como la gorreaba a la mujer sistemáticamente pero delante de ella y me hacía un guiño cómplice "no hay problemas, es sorda, no escucha nada". La situación era horrible, especialmente cuando entraba en el relato de detalles y yo le pedía que parara y él seguía diciéndome eso de que era sorda, pero a mí poco me importaba ya la sordera de ella, me importaba no escuchar más cosas que no me interesaban ni ahí. Otra cosa que hacía para perturbarla era pedirle cosas hablando bajito y de espaldas. "Alcanzame el secador" susurraba de espaldas tres o cuatro veces y la mujer seguía colgada, de golpe se daba vuelta y le gritaba enojado: "te dije que me alcanzarás el secador!" ante lo cual la pobre mujer reaccionaba con temor y sumisión. Esto fue hasta hace dos meses, cada vez que iba sabía que iba a tener que pasar por esos momentos tan desagradables, y si bien intenté cambiar ninguno de los que iba podía cortarme tan bien como él. Pero se fue de viaje a Italia, tres meses, a visitar a sus hijos que viven allá, y tuve que salir a buscar peluquero "muletto".

Fue así como encontré a Nicolino, que tiene su atelier anclado en la década del 80. El tipo tiene como veinte trofeos y diplomas por todos lados. Uno de los más llamativos es uno que dice "7º en el Mundo, 1º en Latinoamérica", su tarjeta es algo hermoso, mientras nos aclara que "nos brinda un servicio distinto, junto a María Teresa (a quien nunca vi)" la remata con "¡Todos los cortes del mundo puestos en Rosario y porqué no del Universo!..." (sic), lo cual nos habla de cierta ideología intergaláctica. Nicolino se viste con mocasines, pantalones y camisas de los 80's, y usa la camisa arremangada con un detalle insólito, el puño lo dobla hacia adentro. El otro día la niña Vudu pasó por el "Atelier Nicolino" y no lo podía creer y me llamó riéndose mucho, a lo cual le respondí que tener un peluquero de los 80's era algo de un glamour insuperable y que su padre lo tenía.


Más allá de estos detalles, Nicolino me corta bien y me ayudó a sacarme de encima a Mario el peluquero sicópata, por lo cual le estaré eternamente agradecido y en deuda.


Así de esteta soy.

11 comentarios:

meki dijo...

Pedro Minuto es un nombre genial para un peluquero! Por qué no te quedaste con él?
Me simpatiza Nicolino. Sabe hacer cortes chiflares?

Ri dijo...

"y porqué no del Universo!"
ese peluquero es un dios.
El de las cartas de Pocho, un santo.

Yo durante 10 años casi no fui a peluquero: tenia el pelo largo y me lo cortaba yo.
Ahora voy cada 3 meses. Es algo muy extraño mantener un corte. Es una peluqueria muy top: pasan musica de los 80s y Jamiroquai y hay un sillon muy grande muy comodo para esperar donde me quede dormido una vez.

vudu dijo...

cuando pase iba en el auto con franco y me empece a reir y no entendia nada y le hice dar la vuelta a la manzana jaja
es genial
es cartel sobre todo
ATELIER NICOLINO
con esas luces verdes

un derroche de glam

aguante tony.

Tommy Barban dijo...

El relato es muy lindo pero te falla el verosímil cuando decís que no te interesaban los detalles que te contaba Mario.

El Mellizo dijo...

meki, sí, pedro minuto es un excelente para un peluquero, y además es su verdadero nombre.no sé si nicolino sabe hacer ese tipo de cortes.
ri, creo que más que dios debe ser uno de esos que cree en que los extraterrestres van a venir a la tierra para salvar a la humanidad.
vudu, al lado de nicolino, tony tiene -10 de glam.
tommy, como te podrás imaginar los relatos del peluquero mario no eran relatos de d.h. lawrence. no eran divertidos para nada, eran una mezclas de sonidos guturales (faaaaaa, uhhhhhhh, ehhhhhhhhh, ohhhhhh, mmmmmmmmmm) y caritas de pícaro de las películas de porcel y olmedo. además la presencia de su mujer ahí era algo muy violento. esta vez el verosímil no falló.

Anónimo dijo...

Tony Barman, que no es lo mismo que Tommy Barban, es mi estilista y el de la niña Vudú. Lo más.

V.

lala dijo...

no existen los nombres de tus peluqueros!!
adore, adore y no dejo de pensar en tu paso fugaz por el subsuelo de la bolsa de comercio... y el senor petiso y gordito...
no se porq ...que bueno leerte intacto.
besote

brasil dijo...

Hasta hace unos años iba bien poco al peluquero. Pero ahora adopté una onda "cortonomepeino" que requiere de cierta habitualidad.

Cuando me mudé al antro oligárquicorural donde vivo, me costó encontrar peluquero. Opté por Pino y Giordano de Pilar que eran más gaterios que peluquerías...

Hasta que me di cuenta que el kioskero de San Martin e Italia de Lujan, tenía un sillon atras del kiosko. $8 (OCHO) el corte. Un espectáculo

Mary Poppins dijo...

increible pero estoy de acuerdo con Mr. Barban

como anda Melli tanto tiempo...y el estomago

besos de mary

Ri dijo...

me confundi de entrada.
vos sos de los de 1 vez por semana?

j. dijo...

Me encantó el peluquero psicópata. Me encantó mucho. Brilla por sobre los demás.