martes, 25 de noviembre de 2008

Ciudad caótica

Llegó el calor y profundizó el caos. Anoche se volvieron a incendiar las islas mal. En "La Carretera", McCarthy describe como es el paisaje del mundo con ceniza flotando en el aire y el sol gris permanente, esta mañana se me ocurrió que debería ser algo parecido a Rosario bajo el humo. Treinta grados y el sol no se ve y no hay nubes.
Explotan los caños de agua, se derrumban las calles. Vienen a arreglar y rompen todo. Nos quedamos sin luz. Bajo el sol con humo un obrero de la empresa de energía arregla una sombrilla. Sí, sí, una sombrilla de playa, de esas que dan a los bares de promoción por alguna cerveza, ya descolorida, toda blanca. El tipo arrodillado bajo el sol arregla uno por uno los rayos de la sombrilla. Acomoda las puntas. Al rato vuelvo a pasar y la sombrilla arreglada tapa el hueco del pozo en donde están trabajando. Un camión monstruoso con muchos cables que entran y salen por la vereda está siendo enchufado a un edificio. Todo parece una postal de Miami al revés.
Los días vienen con contratiempos y dificultades. Angustias y decepciones. Desilusión. ¿Deberían ser mejores? No, seguro que no.
La ingenuidad a veces la pago caro. No importa, prefiero seguir siendo así.
A vos te lo digo.

jueves, 20 de noviembre de 2008

La maldición del peluquero

Poner la cabeza

En un post anterior hablaba de la difícil relación que tuve en mi vida con los peluqueros. Pensé equivocadamente que había encontrado la solución al tema en las manos del multicampeón Nicolino, pero pasó lo que pasa siempre... después de tres o cuatro veces de silencio y tijera empezó a hablar. Al principio soporté con estoicismo sus comentarios, pero hubo uno en el cual refiriéndose a la delincuencia juvenil susurró con su voz bajita y finita la famosa frase "...a estos hay que matarlos de chiquitos así no crecen..." todo esto mientras con la mano libre que no tenía la tijera en la mano simulaba con el pulgar y el índice una pistola. "¡Este es mi límite!" -dije-, cual jardinera de Palermo.

Al lado de mi cochera hay una peluquería que se llama "Isidora", tiene un look ochentoso y está en la categoría unisex confesa. Lo mandé en tarea exploratoria al niño menor y le hizo un hermoso corte flogger. El señor peluquero que se hace llamar Isidora tenía crédito y era mi próxima visita para ordenar la porra. El lunes a la noche, después de guardar el auto y mientras caminaba a casa, veo que están desmantelando "Isidora". ¡Otra vez la maldición del peluquero! Esta vez ni siquiera había podido ir. Hoy vi un cartel puesto que decía "Nos trasladamos a Salta 1454. Anexo Boutique". Por lo menos es cerca, cuatro cuadras, y si me corta mal el pelo tal vez pueda encontrar alguna blusa o accesorio que haga juego con mis canas. No hay mal que por bien...

jueves, 13 de noviembre de 2008

Vértigo


El vértigo es un tema en mi vida. Desde la adolescencia sufro de vértigo, creo que su origen fue en una intrepidez que cometí y de ahí me quedó esa aprehensión y al mismo tiempo atracción de las alturas. Recuerdo una película de Mel Brooks que se llamaba "High anxiety" y esa expresión en inglés es lo que más se asemeja a mi vértigo.

Esta mañana estuve en una empresa que se está mudando y en la terraza-quincho del octavo piso, en donde va a haber un jardín con deck y demás boludeces todavía no pusieron la baranda. El espacio era, todavía, un gran cuadrado negro de diez metros por diez metros. Demás está decir que ni me asome hacia la calle y lo más cerca que estuve del borde fueron ocho metros. Pero la sensación de no baranda era tan fuerte que, si alguien me aseguraba que sólo me iba a quebrar una pierna, no hubiera dudado en correr y saltar. Mientras la idea se fue haciendo más fuerte, mi otro lado del cerebro me hizo bajar hasta la tranquilidad del piso inferior.

Así estamos.

martes, 11 de noviembre de 2008

No se puede hacer más lento

De chico me fascinó la magia. Como todos los chicos de esa edad pedí que me regalaran el juego de magia, subí la apuesta y pedí el curso de magia de Fú Manchú que salía en las revistas y te lo enviaban por correo. Más allá de la truchada del curso lo que realmente me desilusionó fue aprender los trucos. A mí lo que me gustaba y me gusta es ver la magia, no saber como se hacen los trucos.
Y dentro de la magia la que prefiero es la que se denomina "close up", es decir la magia de cerca, la que el mago seduce a la platea no sólo con el truco, sino con su discurso, su engaño. Y dentro de la magia de cerca la que prefiero de lejos es la de cartas.
Mi viejo fue productor de seguros cuando yo era muy chico y me contó en aquel momento que un señor de Tandil también era productor de la misma compañía y que se habían encontrado en una convención de la compañía en el Hotel Hermitage de Mar del Plata en los 60's. Me contó que este hombre había tenido un accidente de niño, que perdió su mano derecha y que para su rehabilitación le habían sugerido que hiciera ejercicios con cartas. Ahí supe por primera vez de la existencia de René Lavand.
Un 14 de Julio lluvioso en Buenos Aires cumplí mi sueño cuando puse como condición de una salida de amigos en Buenos Aires ir a ver sí o sí en vivo a René Lavand. Éramos Tommy, El Mago Alejandro, H. y yo. Al principio todos me cuestionaron el programa, pero me puse tan inflexible que no tuvieron otra opción. Ninguno pudo creer lo que vio. Fue algo sencillamente formidable.
Después salimos a caminar por la noche y pasamos por la Embajada de Francia iluminada a full en los festejos de su día patrio, cantamos la Marsellesa a cappella pero no nos dejaron entrar. Pero eso ya es otra historia.



El genial René, haciendo lo increíble.


sábado, 1 de noviembre de 2008

Crítica y recomendación

Edie (Siena Miller) y Andy (Guy Pearce) en la terraza de la "fábrica", bellísimos y definitivos íconos de los 60's


Tal vez sea la nueva forma en la que voy a encarar esto, cada vez que sienta que algo me moviliza lo voy a contar, sea lo que sea, y no me voy a poner en la "obligación" de hacer un post cada tanto o en determinda frecuencia. Más decontractée, de eso se trata la cosa, no?

Ayer la llamé a V. la mujer maravillosa por teléfono y le pregunto: "Saco un peli?". "Dale".

Fui a nuestro video club cercano y amigo y entre las miles de películas y series elegí una no muy conocida "Factory Girl" (Fábrica de Sueños). Les aclaro que elegir películas para V. no es nada sencillo, es casi como elegir un regalo para mí.

Los motivos de la elección fueron la temática, que trata sobre la inspiración que tuvo Andy Warhol a través de su musa fetiche Edie Sedgwick, proveniente la la high class americana e instalada recientemente en la NY de los 60's, el pop art, Woodstock, Bob Dylan, Velvet Underground y demases.

El director, George Hickenlooper -del cual no había visto ninguna de sus tres películas previas- maneja brillantamente los climas, las cámaras, la inclusión de pantallas repartidas, el blanco y negro, el color distorsionado, y un atrapante flashback y flasforward en simultáneo que alucina en un final en donde pasado, presente y futuro se unen con todos los condimentos para un cierre brillante.

La hermosísima Siena Miller en el papel de Edie Sedwigwick y el talentoso Guy Pearce en el rol de Warhol logran crean personajes absolutamente verosímiles y desquiciados. Tal vez se exagere el cinismo de Warhol, pero al no haberlo conocido personalmente no puedo dar cuenta de ello.

Además del final, es bellísima la escena en la cual Warhol invita a Edie a comer a la casa de su madre.

Con una banda de sonido excepcional que recorre a Puccini, Bach y Mozart, junto a bandas absolutely 60's como Martha and The Vandellas, The Birds, The Strangeloves, The Newbeats y Count Five entre otros, logra insertar absolutamente al espectador en esa época en donde lo nuevo y lo viejo confluyeron para dar una nueva identidad al arte.

Vale la pena sacarla y recomendarla.

Calificación: 5 mellizos (o sea, 10)

Hasta la próxima y no esperen mucho.