martes, 11 de noviembre de 2008

No se puede hacer más lento

De chico me fascinó la magia. Como todos los chicos de esa edad pedí que me regalaran el juego de magia, subí la apuesta y pedí el curso de magia de Fú Manchú que salía en las revistas y te lo enviaban por correo. Más allá de la truchada del curso lo que realmente me desilusionó fue aprender los trucos. A mí lo que me gustaba y me gusta es ver la magia, no saber como se hacen los trucos.
Y dentro de la magia la que prefiero es la que se denomina "close up", es decir la magia de cerca, la que el mago seduce a la platea no sólo con el truco, sino con su discurso, su engaño. Y dentro de la magia de cerca la que prefiero de lejos es la de cartas.
Mi viejo fue productor de seguros cuando yo era muy chico y me contó en aquel momento que un señor de Tandil también era productor de la misma compañía y que se habían encontrado en una convención de la compañía en el Hotel Hermitage de Mar del Plata en los 60's. Me contó que este hombre había tenido un accidente de niño, que perdió su mano derecha y que para su rehabilitación le habían sugerido que hiciera ejercicios con cartas. Ahí supe por primera vez de la existencia de René Lavand.
Un 14 de Julio lluvioso en Buenos Aires cumplí mi sueño cuando puse como condición de una salida de amigos en Buenos Aires ir a ver sí o sí en vivo a René Lavand. Éramos Tommy, El Mago Alejandro, H. y yo. Al principio todos me cuestionaron el programa, pero me puse tan inflexible que no tuvieron otra opción. Ninguno pudo creer lo que vio. Fue algo sencillamente formidable.
Después salimos a caminar por la noche y pasamos por la Embajada de Francia iluminada a full en los festejos de su día patrio, cantamos la Marsellesa a cappella pero no nos dejaron entrar. Pero eso ya es otra historia.



El genial René, haciendo lo increíble.


2 comentarios:

Anónimo dijo...

Porqué nos contás también que Lavand fue el segundo de los tres programas de esa noche? El primero fue un recital de un percusionista caribeño en un salón del Museo Fernández Blanco del que nos echaron cuando en medio del recital a vos se te cayó el dispensador metálico de monedas que le habías descuidado al taxista que nos llevó hasta allí. Y el último fue un recital de Mimi Koszlowsky en Clásica y Moderna del que tuvimos que huir abruptamente cuando leíste mal las señales de Mimí (te había incitado a acompañarla en los coros de "Mi noche triste") y te la trataste de levantar sin reparar que ella estaba con su novia fisicoculturista.

Tommy Barban

El Mellizo dijo...

este post era solo para hablar de lavand, como bien lo dije lo demás es otra historia.