miércoles, 24 de diciembre de 2008

La vergüenza de ser campeón de esta forma

Al final Boca salió campeón.


No voy a opinar sobre el triangular que lo favoreció de forma descarada, sino de dos cosas. Primero Carlos Ischia, demostró que es una mala persona. Salió campeón perdiendo y encima se cargó un muerto. ¿Quién es el muerto? El arquerito de Boca Javier García. Ischia no es de los que mueren con los suyos, es un cagón que a cambio de seguir en Boca hubiera vendido hasta su madre. ¿Vieron la cara del arquero, su llanto, su reproche -por qué me hiciste esto-, sus lágrimas sin consuelo? Me pregunto en dónde podrá atajar este pibe ahora, tal vez en algún equipo chico de Centroamérica o Arabia Saudita, tal vez Qatar. Eso sí, siempre de suplente. Ischia, sabelo: tenés un muerto en tu conciencia, flor de sorete sos.


El segundo tema es el de los afiches. Más allá de lo que denominamos "picardía criolla" o "ingenio popular" un afiche es particularmete torpe, grosero, ofensivo y tan chato que da un poco de asco. Sabemos las cuestiones homofóbicas entre las hinchadas de "machos" que siempre en algún cantito meten el clásico "...les vamos a romper el culo..." como si eso fuera un insulto o una demostración de sumisión o superioridad. Este sería el caso del afiche en cuestión.



El afiche de los "machos"

En el mismo se ve a Boquita, que vendría a ser el "macho", cogiéndose a un River que estaría representando a una mujer. Como la obtención de un campeonato es un festejo sólo de los hinchas del equipo campeón, en el afiche se lee que el único que está gozando es el "macho", el de Boquita. La mujer, pasiva como siempre, es puesta por este "macho" en situación de "no goce", de "me la cojo porque el único que goza soy yo". Es horrible y sexista en el lugar que ponen a la mujer, ya sea de River, Boca o San Lorenzo. El discurso xeneixe es tan burdamente machista que asquea. Seguramente mucho de estos "machos" no entienden de que estoy hablando, ellos disfrutan más del "...te vamo' a romper el culo", eso les encanta.

Grondona, T y C, Boca, Ischia, dan asco. Un asco muy grande. Podrían ponerse en fila y cogerse simultáneamente entre todos, también podrían intentar gozar entre todos. Se trata de eso, idiotas, gozar entre todos.

Métanse la copa en... un bolso grande, porque si les digo "culo" tal vez lo disfruten.


miércoles, 10 de diciembre de 2008

Que 25 años no es nada... o sí?

El Cabildo el 10 de diciembre de 1983



Recién me estaba mudando a mi primer departamento, corría el año 1984. Era un modesto departamento de dos pisos con escalera, dos dormitorios y cerámica roja en el living. Ahí nacieron mis dos primeros hijos y también ahí pudimos ser testigos de un hecho histórico: Tommy, H., el Dr. Besso y yo vimos juntos el partido Argentina contra Inglaterra en el cual Diego se encargó de pintarle la cara a medio equipo inglés en aquellos días gloriosos de México '86.


Pero la historia que voy a contar es otra. Un domingo a la tarde, mientras estaba acomodando cosas, libros, muebles, tal vez poniendo algún cuadro, el vecino de enfrente me vio y me invitó a tomar unos mates. Era una pareja joven que no tenía hijos todavía y mientras tomábamos unos mates se escuchaba de fondo una radio que pasaba temas de Serrat. Ahí, mi nuevo vecino me dice si me había enterado lo que le había pasado a Alfonsín, sorprendido respondí que no. Al rato, se interrumpe la transmisión de la radio y un locutor con voz neutra lee el siguiente comunicado.


"Debemos informar a la audiencia que, debido a las múltiples heridas recibidas en el atentado perpetrado hace una hora en la quinta de Olivos, ha dejado de existir el presidente de los argentinos, doctor Raúl Alfonsín".


Sentí que el piso se me movía, que la endeblez de la Argentina quedaba nuevamente expuesta y la desesperación que me llenaba no impidió que pudiera pensar un poco. Pensé que si había sido en Olivos lo habían matado los militares complotados, sus custodios, y que estábamos realmente en problemas. Pensé que si asumía Víctor Martínez iba a ser un títere manejado por los milicos, y que si no lo que venía era una dictadura aún peor que la del '76. Los miré a ellos y les dije: "Salgamos a la calle, hay que organizar a la gente". Estaba como loco, como poseído.


Al ver mi estado tan alterado, veo que sube por la escalera desde el primer piso un señor gordito, de bigotes, con un micrófono inalámbrico en la mano (había muy pero muy pocos de esos en 1984) que gritaba "Fue una broma, fue una broma...". En ese momento no entendí nada, pero el primer impulso de enojo dejó lugar a una tranquilidad enorme al enterarme que la noticia escuchada por la radio era falsa. El señor del primero, que era locutor, se le ocurrió hacerme ese chiste de bienvenida como vecino nuevo, se complotó con los del segundo y con su micrófono inalámbrico interfirió la FM que estaba puesta.


Alfonsín después de jurar en el Congreso se dirige hacia el Cabildo, por ahí estábamos

Hoy, 25 años después, me vino a la memoria este recuerdo. Ese viejo cascarrabias que se está muriendo en su departamento, al que tanto quise y al que tanto odié, fue en esos años el símbolo de la restauración democrática en la Argentina. Recordar la sensación de fin de las cosas que me dio haber escuchado esa falsa noticia no hace otra cosa que confirmar lo que ya sabemos: a Raúl Alfonsín le debemos en gran parte poder conmemorar estos 25 años de democracia. Democracia que ya sabemos que no alcanza para que todos coman, o se eduquen, o se curen, o para levantar las persianas de las fábricas, pero que es un buen punto de partida. Haber vivido en la Argentina entre el 30 de octubre y el 10 de diciembre de 1983 y haber tenido veintipico de años en esos días podría decir que fueron unos de los pocos días que recuerdo de una felicidad colectiva tan inmensa. Todo estaba por hacerse, ahora también.

viernes, 5 de diciembre de 2008

Ocupar mi lugar

¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? El tema de "ocupar un lugar", en este caso el mío, es algo que debería ser más claro y sencillo de lo que se nos suele presentar. Desde luego que todos más o menos sabemos que lugar ocupamos, pero a veces se confunden las cosas y hay gente que intenta mediante maniobras, ardides u otros embustes, de desubicarnos. Es decir, sacarnos de nuestro lugar, de mí lugar.
El lugar que me es propio me llevó años construirlo. Esto no tiene nada que ver con una especie de "meritocracia" ni con la espera de recompensa alguna. Tiene que ver con esa forma artesanal que elegí hace muchos años de darle sentido a mi vida. Es cada paso que di, cada mirada que crucé, cada palabra que dije, cada vez que abracé. Esa construcción es la que me convierte en persona, en alguien capaz de emocionarme, de amar, de querer, de sentir, de odiar. Ese lugar, mi propio lugar es el que me permite reconocerme, identificarme. Ese del que jamás voy a permitir que me corran. Al que le gusta bien, y al que no también.
A veces, como dije antes, me confunden o mejor dicho me quieren confundir. Que si esto, que si lo otro, que si lo de más acá, que si lo de más allá. Habladurías, pamplinas. Hay hechos incontrastables e inmodificables que superan a cualquier excusa ocasional. Por eso, está bueno que cuando pasan estas cosas que me sacan, que me mueven, poder tener la claridad, la certeza, de que voy a ocupar mi "silla en la mesa", mí lugar, por esfuerzo propio, porque me corresponde, porque forma parte de mi constitución más íntima. No ocuparlo ni por vos, ni por vos, ni por cualquier otro vos, si no por mí. Nadie me va a sacar del lugar que es mío, es hora que lo vayas sabiendo.