viernes, 5 de diciembre de 2008

Ocupar mi lugar

¿Cuál es nuestro lugar en el mundo? El tema de "ocupar un lugar", en este caso el mío, es algo que debería ser más claro y sencillo de lo que se nos suele presentar. Desde luego que todos más o menos sabemos que lugar ocupamos, pero a veces se confunden las cosas y hay gente que intenta mediante maniobras, ardides u otros embustes, de desubicarnos. Es decir, sacarnos de nuestro lugar, de mí lugar.
El lugar que me es propio me llevó años construirlo. Esto no tiene nada que ver con una especie de "meritocracia" ni con la espera de recompensa alguna. Tiene que ver con esa forma artesanal que elegí hace muchos años de darle sentido a mi vida. Es cada paso que di, cada mirada que crucé, cada palabra que dije, cada vez que abracé. Esa construcción es la que me convierte en persona, en alguien capaz de emocionarme, de amar, de querer, de sentir, de odiar. Ese lugar, mi propio lugar es el que me permite reconocerme, identificarme. Ese del que jamás voy a permitir que me corran. Al que le gusta bien, y al que no también.
A veces, como dije antes, me confunden o mejor dicho me quieren confundir. Que si esto, que si lo otro, que si lo de más acá, que si lo de más allá. Habladurías, pamplinas. Hay hechos incontrastables e inmodificables que superan a cualquier excusa ocasional. Por eso, está bueno que cuando pasan estas cosas que me sacan, que me mueven, poder tener la claridad, la certeza, de que voy a ocupar mi "silla en la mesa", mí lugar, por esfuerzo propio, porque me corresponde, porque forma parte de mi constitución más íntima. No ocuparlo ni por vos, ni por vos, ni por cualquier otro vos, si no por mí. Nadie me va a sacar del lugar que es mío, es hora que lo vayas sabiendo.