lunes, 19 de enero de 2009

Las cosas de mi viejo

En la casa familiar de calle Iriondo teníamos un living-comedor. Espacio que, funcionalmente, ha sido eliminado de las viviendas de clase media. El juego de living era de cuero color naranja, había una mesa trampa rectangular con seis sillas oscuras tapizadas de cuero blanco, un modular con su biblioteca, equipo de música y bar, una especie de atril en donde descansaba el teléfono negro, y una imitación de hogar con un leñogas. Más tarde mi madre agregaría en un rincón una mesa con ruedas en donde puso un juego de té y algunas otras boludeces. En la zona del comedor había una alfombra peluda de lana, en colores naranja, violeta y azul. Esos mueble formaron parte del plan de modernización de la casa del año 1977, que incluyó un baño todo rosa, grifería de ónix y algunas puertas corredizas. Los muebles mi viejo se los había comprado a un paisano de nombre Sam, seguramente se llamaba Samuel, con un catálogo y los hizo traer de una mueblería porteña.
En ese living-comedor, todos los lunes mi viejo se juntaba a jugar al póker con sus amigos. Félix, Tito, Juan, Alfredo. Durante años fue un ritual, mi viejo llegaba de trabajar, cenaba con nosotros, y después se iba hacia el living-comedor, sacaba el centro de mesa y un camino que ponía mi madre, ponía el paño verde, los ceniceros, abría el bar, y preparaba las cartas y las fichas. Las partidas duraban hasta las dos o tres de la mañana o quizás más. A veces me dejaban sentar a ver un rato.
La mañana del martes mi madre abría las ventanas del living-comedor para sacar el fuerte olor a tabaco que había quedado impregnado en las paredes, la alfombra, los sillones.
En ese mismo living-comedor mi viejo recibía por las tardes, tres veces por semana, a don Federico. Era un señor de edad indefinida de profesión kinesiólogo, con una calva total que relucía siempre como si estuviera recién lustrada. Mi viejo volvía a sacar todo lo que estaba arriba de la mesa pero en lugar del paño verde ponía una frazada, se desnudaba por completo y se sometía a una sesión completa de masajes durante una hora, finalizada la sesión se ponía una bata, despedía don Federico y se pegaba una ducha.
Las cosas que pasaban en ese living-comedor eran para mí algo absolutamente normal, además, ahí estaba mi sillón de lectura, mi juego de ajedrez y la puerta del living-comedor que daba a la calle y que sólo se abría dos veces: para recibir a sus amigos del póker y a don Federico, la gente de la casa y las visitas entraban por el garaje, que luego en la remodelación de los años 80's se convertiría en una especie de patio de invierno, pero esa ya es otra historia.

6 comentarios:

meki dijo...

Qué es una mesa trampa?
Qué curioso que sobre una mesa que se llama así tu padre jugara al póker y recibiera masajes.
Me gustó el texto. Me gustan las historias secretas de las casas.

Anónimo dijo...

BMuy buen texto. Me gustó 0eso de que todo lo que pasaba en ese living te parecía absolutamente normal. Incluso, que todos menos el masajista y las visitas entraran por el garage y no por la puerta del living. En casa de padres hasta el día de hoy la puerta no tiene picaporte. Y desde chicos aprendimos a abrirla sólo con la fuerza de la llave y empujando. Todos los amigos no podía creer esa costumbre, claro.

Protervo dijo...

me mata la imagen del living naranja setentas.

Angel Elías dijo...

bueno, por fin renovaste ese comentario sobre Boca:

El Mellizo dijo...

la mesa trampa es una mesa que se abre y abajo esconde una extensión para hacerla más larga. la casa, que se había construido en los 60's, no pudo terminar siendo más setentosa, los iconos más destacados: el living y el baño rosa.
sí, pini, era hora que lo cambiara.

mary pops dijo...

pero si es lo que se lleva ahora, dese una vueltecita por nuestro soho y va a ver.

Me imagine el ambiente del poker, y la manana siguiente abriendo ventanas

Mis viejos conservaron por 45 anos los muebles de la boda, todo Luis XVI y aranias en el techo y esterrillados. Ahora vuelve, como todo, solo habia que esperar

la historia es circular...
Un beso

Lindo!

tanto tiempo Melli,