jueves, 19 de febrero de 2009

Los días de febrero

El calor impiadoso del Sur se contrapone con el frío del Norte y su crisis. La sensación es que cuando empiece a irse el calor y llegar el frío por acá estaremos más o menos como ellos. Leemos números, cifras, estadísticas que meten miedo. ¿Esa es la idea?
En los 90's no había espacio para nada que no fuera cantar loas al mercado y al sistema. Integrarse a cualquier precio, en la Argentina tuvimos excelentes alumnos. Parecía, de una vez y para siempre, que la modernidad periférica nos había alcanzado.
No viví la otra crisis, sólo en libros. El "crack" del 29, la recesión mundial, el desempleo, el pacto Roca-Runciman (¿entrega o la única forma de sobrevivir?). En esos tiempos en el mundo había una esperanza, esperanza que se encargaron muy bien de destrozar los propios líderes de la misma, en sociedades que lucharon por ser más democráticas y abiertas terminó sucediendo todo lo contrario. Muy bien lo cuenta François Furet en "El pasado de una ilusión". Eso hubo: ilusión. Ilusión y coraje y valor y ideas y pasión. ¿Harán falta de nuevo? Esos luchadores, esos militantes, podrán combatir tranquilos confiando en que esta vez sus líderes no los traicionarán? Que no habrá más Stalin, ni Mao, ni Castro, ni Firmenich, ni la pantomima caricaturesca de un Chávez? Que la lucha y el convencimiento serán correspondidos? Qué será respetada la entrega y que -por qué no, díganme por qué no?- la posibilidad de construir un socialismo humanista sigue intacta y que estaría bueno que en esta crisis global pudiéramos reflotar ideales del viejo internacionalismo, de la solidaridad, de aquellos que supieron alistarse sin reparos para defender la República porque entendían que era la defensa del género humano, y que el destino de la propia humanidad era lo que se jugaba en la Madrid sitiada por los franquistas.
Tierra y libertad es el título de una hermosísima película de Ken Loach, pero si vamos más allá de un buen título y vemos en esas dos palabras articuladas por la conjunción "y" la aspiración de cualquier ser humano: tener su tierra y ser libres, dos cosas que permiten vivir con dignidad y hacen que esquivemos los amagues del sistema. Como cantábamos en los 80's: "...no hubo errores, no hubo excesos...", o acaso que creen ustedes que es el capitalismo? Max Weber ya habló en 1905 del "estuche vacío" y eso es lo que viene pasando con las cíclicas crisis que no son otra cosa que la avaricia y la codicia llevadas al extremo porque esa y no otra es su razón intrínseca de ser. El viejo Carlos no se equivocó tanto, tal vez su lectura del futuro, la proyección histórica, pero en términos económicos hay muy poco que cuestionar. Nadie describió mejor al capitalismo, nadie descifró su lógica profunda y secreta como él lo hizo.
El tema es que vemos que no hay opciones, no se me ocurre el integrismo islámico como una de ellas, pero a mucha gente se le está ocurriendo que sí, ojo.
Estamos en un buen momento para reflotar la ilusión, este quiebre visible del capitalismo que hace que todo se pueda cuestionar tal vez abra puertas que habían sido tabicadas. No todo es fatalismo, no todos son huracanes devastadores, la ilusión y la esperanza pueden volver a inventarse, a darles nuevos sentidos de basamento, más allá del escepticismo estúpido y de la verborragia hueca de líderes de hojalata. La verdad está en nosotros, de la misma forma que estuvo en ellos. Tiempos de crisis, tiempos de nuevas esperanzas.
Y a lo mejor Central gane el sábado en Santa Fe, quién les dice?



¿Qué podremos descifrar como la chica que lee las cartas de esta historia? ¿Habremos aprendido algo?

3 comentarios:

girlontape dijo...

excelente post Melli! veo que seguis con la bufanda roja puesta, como yo...y absolutely: el analisis del viejo carlos sigue vigente.

Anónimo dijo...

futbolisticamente seguis hundiendo lo que tocas.

cariños
a

El Mellizo dijo...

tenés razón.