martes, 28 de abril de 2009

Sueño en NY

Turistas en NY


Como siempre, sin dar muchas explicaciones, pero contando mucho menos de lo que sabe o realmente es, Tommy nos trajo una sorpresa: se había comprado un departamento en New York. En su nueva carrera como inversor en bienes raíces y aprovechando la debacle del precio de las propiedades y algún dinero por cobrar trocado por el precio del inmueble, se había convertido en propietario en the Big Apple. "Che, no crean que es algo grosso, no es un penthouse en Park Avenue." Aclara inmediantamente el tipo que si algo milita es el bajo perfil. "Es un departamentito de un dormitorio, y no está en el Upper East Side, sino en el Bronx. Me voy a tomar algunas temporadas de descanso allá, tal vez me vaya por un mes o dos cada tanto y pensé que tener un modesto departamento me lo iba a permitir mejor. Están invitados cuando quieran". Y ahí empezamos a organizar el viaje.


Viajamos H., Alejandro el Mago y yo, Tommy nos esperaba en New York. Con nuestras valijas llegamos al departamento, Tommy nos recibió en la puerta del edificio. Subimos por una escalera cuatro pisos y, efectivamente, llegamos a un departamento muy chiquito y modesto de un dormitorio en el Bronx neoyorquino. El departamento era austero, un espacio no muy grande que oficiaba de living, comedor y cocina al mismo tiempo, un modesto baño sin bañera, y un dormitorio con un placard. La primera discusión que se generó fue por el lugar donde dormir. Nadie le cuestionaba a Tommy el derecho como propietario de usar su cama, pero después había tres opciones: un futón, un sofá no muy grande, una bolsa de dormir sobre una colchoneta en el piso. Los que más peleábamos éramos Alejandro el Mago y yo para ver quién se quedaba con el futón. H. se hacía el boludo, dando por descontado que ya le habíamos asignado a él la bolsa de dormir. Su cara era la típica que pone cuando te deja hacer o hablar y después hace lo que quiere, igual que esa noche en Salta donde no conseguíamos hotel y fuimos a parar al hotel más caro de Salta con el argumento "en los cinco estrellas siempre hay lugar, y si trabajé toda mi vida y no puedo pagarme un hotel para dormir una noche soy un boludo, y que les quede claro, si algo no soy es un boludo". H. nos miraba como diciendo eso, discutan lo que quieran, me voy a un hotel. Alejandro el Mago estaba enojado, metía sus manos en los bolsillos y fumaba sin parar un Camel trás otro. "Me voy a hacer una diligencia", dijo y salió.


H. y yo nos quedamos en el departamento, esperando que Tommy nos hiciera el citytour. Él había estado ausente de toda la discusión, se quedó leyendo en su cuarto. Al rato de no tener noticias de él, H. y yo vamos a la habitación y Tommy nos mira con su mejor cara de "qué quieren?". Le decimos si no vamos a dar una vuelta o si tiene organizado algo, y nos responde muy suelto de cuerpo que no está para guía turístico, que algún día, alguna vez, si pinta y a él le interesa, nos acompaña, pero nos aclara que, si algo le gusta hacer cuando está en New York, es ver tele en la cama. H. y yo nos vamos en un subte a Manhattan.


Se hace de noche tarde, y Alejandro el Mago que ya volvió de hacer su diligencia se hace amigo del portero del edificio y de su hijo. El portero es igual al Moncholo Viudo y el hijo es el mismo hijo del Moncholo, nada más que ahora tiene 25 años. El Moncholo fue el portero del edificio que vivió Alejandro en calle Juncal hasta hace unos años. Cuando llegamos H. y yo, El Mago ya está organizando un asado en la terraza del edificio con el portero y su hijo. El portero le dice que la crisis del 2001 lo trajo acá, que un amigo lo recomendó, y que consiguió una carnicería que vende carne argentina buenísima, también vende chorizos, morcillas y vino en cajita. El Mago pela cien dólares y se los da al hijo del portero, "Pibe, comprate para hacer un buen asado". El Moncholo (que se había afeitado los bigotes), empieza a acomodar maderitas en la terraza para encender el fuego.


"Ven, esto es lo que me gusta a mí, comerme un asado en New York", nos aclara El Mago. Al rato, el olor inconfundible del carbón encendiéndose y calentando la grasa de la parrilla atrae a Tommy de su dormitorio a la terraza. El hijo del Moncholo cae con unos cuántos kilos de costilla, morcilla, chorizos y veinte cajas de vino y muchos sifones. Tommy se pone como loco, lo increpa al Mago, que lo va a hacer quedar mal con sus vecinos, que él no quiere quilombos, que nos invitó para pasar unos días pero que no podemos usar la terraza para hacer asados, que sus vecinos lo van a odiar, que no lo van a saludar más y que eso a él le importa mucho, y cosas por el estilo. El Moncholo y su hijo ya pusieron la carne sobre la parrilla, el olor de la carne asada llena la terraza, ya abrieron un par de cajitas y trajeron unos vasos como los que te dan en Disney de un litro y los llenaron de hielo, vino y soda. El Mago se mete las manos en los bolsillos, prende su enésimo Camel, y haciendo su personaje del Perón doctrinario, mientras H. y yo ya nos habíamos reconciliado y no aguantábamos la risa que nos provocaba la escena, le dice: "Pero Barban, callate, no ves que estamos en el Bronx."

8 comentarios:

Anónimo dijo...

Esto amerita un: "Cualquier semejanza con la realidad es pura coincidencia".

Anónimo dijo...

Hola, es muy cómico, me imagino la carita bienuda de Baraban, noooo.

girlontape dijo...

genial
y qué buena foto

Anónimo dijo...

Mellizo, definitivamente esto fue un sueño. Barban nunca se compraría un departamento en el Bronx.

Anónimo dijo...

La verdad mellizo, lo envidio sin asco. Su vida es un placer: la musa en su casa, los hijos en blogs vecinos, amigos de todos los colores (buenos y divertidos) y ahora, dpto gratarola en NY. Y se van todos juntos!.Ud tiene la chancha y los veinte.Aproveche.Con buena leche.

Anónimo dijo...

Que foto!
Flora

lala dijo...

me encanto la foto...
y que bien que trabaja su inconsciente elaborando sueños ;)

Tommy Barban dijo...

En Harlem te creo; en el Bronx lo dudo.