miércoles, 27 de mayo de 2009

El viejo nuevo mundo

El sudaca y el africano


Así de contradictorio suena y es. En la formidable fiesta que dieron hoy los dos mejores equipos de fútbol del mundo en la final de la Champions League, un africano y un sudaca argentino le dieron una inmensa alegría a una de las ciudades más ricas del mundo: Barcelona.

En este nuevo mundo en el cual las fronteras se diluyen para algunos y, al mismo tiempo, se levantan como muros -en sentido literal- para otros, esta pequeña gesta deportiva que llevó al F.C. Barcelona a consagrarse como el mejor equipo del mundo debería dejarnos algún mensaje.

La presencia del presidente del gobierno español y del primer ministro italiano tendrían que reforzar esta idea. El problema de la inmigración no es nuevo, pero llevar adelante políticas aberrantes en este tema lo hacen más difícil de solucionar y crean situaciones que transgreden y violan los más elementales derechos humanos que los países ricos pretender cuidar muy bien de puertas adentro y no vacilan en no respetarlos puertas afuera o para los que son de afuera.

Seguramente futbolistas cotizados no tienen que soportar la persecución y el hostigamiento de cientos de miles de inmigrantes que van a los países ricos a hacer el trabajo que los ya empachados ciudadanos del primer mundo no quieren o no pueden hacer.

En este caso goles. Los goles de la victoria. Estaría bueno imaginarnos por un momento a Messi y Eto'o reclamando contra los ataques racistas. Sabemos que el camerunés alguna vez lo hizo cuando se referían a él como un mono, pero nunca está demás hacerlo por los otros, digo.

Estaría bueno no esperar a la próxima agresión racista, xenófoba y violenta en las calles de Barcelona para recordarles a ellos que la alegría de hoy se la dieron hermanos de aquellos que expulsan y agreden, de aquellos que mueren en el Mediterráneo o atrapados en las alambradas de Ceuta y Melilla. Un africano y un sudaca, para el festejo de los hijos de la ciudad condal. Dos inmigrantes, como millones de ellos hay por el mundo. Dos más, iguales que ellos.

jueves, 21 de mayo de 2009

Dale más piola que llega hasta el sol...

Tira, que tira y trepa, por la cometa se fue mi amor.
Paisito, lindo y querido.
Este blog no hace más pronósticos futbolísticos, sólo hace disfrutes del fútbol.
Ya está. Siempre nos gustó ser David en lugar de Goliaht. Qué lindo es ser David!
Te ganamos en tu cancha. Chau. A jugar la nada. Con toda tu plata. Nada.
Somos pobres pero dignos. Más fuerza, más coraje. No nos asusta el guante de Riquelme.
El pueblo humilde está en nosotros. Como dijo Mao: se lucha mucho mejor para obtener que para defender.
Defensor Sporting maoísta. Chau boquita, chau boquita, chau.
La niña del parque Rodó.


jueves, 7 de mayo de 2009

El viento otra vez




Celia, la mamá de mi sobrino preferido Bruno y de mi sobrina preferida Lucía, volvió al ruedo. Estrenó su nueva obra de títeres que fuimos a ver el domingo pasado en la vieja Sala de la Cooperación que hoy tiene otro nombre pero que no nos importa.

Conociendo su historia sabemos que Celia no eligió ser titiritera, en los años duros ella había querido estudiar Historia, pero no podía inscribirse en la Universidad por motivos que ustedes imaginarán. Celia se enteró por aquellos años que en Rosario, la Escuela Nacional de Teatro no pedía demasiados requisitos y no informaba los nombres a ninguna otra repartición que no fuera el Ministerio de Educación y se anotó para estudiar titiritera. Desde que la conocí siempre supe que era titiritera, y que con tan hermosa profesión se ganaba la vida. Después fui viendo sus obras, más sencillas, más complejas, para niños, para adultos, premiadas algunas otras no. Todas muy buenas.

Hacía algunos años que no estrenaba una obra y en esta vuelve a sorprendernos en el mítico espacio de la plaza que fue y ya no es y de aquella infancia que añoramos pero no está más.

El espacio central de la obra es una plaza, plaza que es un lugar de encuentro y juego de los niños y los personajes del barrio.

El recorrido de sus personajes, Juan, Anita, Toto y Don Giuseppe, nos muestra una inteligente añoranza de la niñez perdida. La mayor emoción que nos provocó fue la pérdida de esa plaza. Las plazas ya no son más para que los niños las disfruten libremente y que ese sea su lugar de encuentro y diversión. Juan y Anita, dos niños humildes que se ganan la vida vendiendo diarios el primero y flores la segunda, tienen sus casas, su familia y su punto de referencia. Era la época de niños pobres y humildes, que aportaban algo a sus casas pero que lejos estaban todavía de convertirse en la niñez marginal y explotada que vemos en los chicos de la calle hoy en día.

Hace una pequeña concesión a la actualidad, Juan se quiere comprar la camiseta de fútbol de su equipo cosa que antes no pasaba, eso se instaló hace unos años con el márketing de los clubes de fútbol y la ropa deportiva, pero es una concesión mínima. Seguramente Juan se comprará la camiseta trucha que venden en calle San Luis.

La obra trae una intensa nostalgia del tiempo que fue y le muestra a los niños el tiempo que tal vez debería haber seguido siendo. Durante cuarenta y cinco minutos, está empecinada mujer va a lograr un triunfo efímero, pequeño, módico, como sus títeres, llevar a los que vean la obra a un mundo de añoranzas y emociones sencillas, con la mejor calidad profesional y un gran respeto por su público. Como dije, empecinadamente, como una Quijote, alejará a los niños de los peloteros, la wii, la play 3 y la televisión idiota, y cada vez que levante el telón volverá a arremeter contra los molinos de viento, aunque sólo sea en esos tres cuartos de hora.

A la salida nos queda el sabor agridulce de la batalla perdida de antemano y a pesar de todo el esfuerzo que se ponga, pero también nos gana por un instante la alegría serena de haberla perdido dignadamente.