jueves, 10 de junio de 2010

La vuelta al costumbrismo

Hablamos con H. , nuestro amigo del alma, hombre de múltiples y variadas actividades. En una de tantas forma parte de un encumbrado sitio desde el cual se aconseja como dirigir una prestigiosa facultad local.
Ayer, día de reunión de estos varones y mujeres, uno de los integrantes del tan encumbrado sitio, pongámosle X, presentó un proyecto de declaración para que dicho sitio se expidiera a favor de la ley de matrimonio igualitario. Bien sabido es que este tipo de declaraciones sirven, en más de una ocasión, para justificar estas reuniones, para llenar horas vacías y para darle cierta pretensión de importancia a los integrantes de estos cuerpos, resumiendo: nada que vaya a afectar la realidad.
Al proyecto de X, saltó otro miembro de este cuerpo -llamémosle Y- que dijo que estaba bárbaro el matrimonio igualitario pero que no era atribución de ese órgano expedirse al respecto.
Nuestro amigo H., aburrido, cansado, pero conservando el fuego sagrado que lo inspirara desde su juventud que lo llevaba a argumentar a favor o en contra de lo que fuere con la misma vehemencia en ambos casos, tomó el guante y comenzó un largo y encendido discurso a favor del proyecto. Tan ferviente, tan bien argumentada, fue la defensa que hizo, que otro miembro del cuerpo, un señor mayor que ocupa altísimo cargo en uno de los poderes del estado provincial -y cuando digo altísimo, digo exactamente eso-, caminaba riéndose y diciéndole a los gritos a los demás miembros de ese cuerpo: "Saben qué pasa? Por qué H. defiende tanto esta declaración? Porque se quiere casar!"
De aquí saldrán algún día, o no, las brillantes generaciones que guiarán los destinos de la patria y se casarán con quien quieran.
Nos vamos haciendo mutis por el foro.

2 comentarios:

Tommy Barban dijo...

Eso se soluciona cómo lo solucionábamos nosotros antes: huelga de hambre (yo llevo las bolas de fraile en la mochila) y toma de Rectorado!

El Mellizo dijo...

jajajaja, h. no se dio cuenta!!!